Por Juan Ignacio de Mesa
Publicado en La Tribuna de Toledo el 20 de julio de 2026
Vaya debate se ha planteado con el origen de alguno de los jugadores de las selecciones que están participando en el Mundial de futbol. La verdad es que tantos enemigos de los movimientos migratorios como hay, deberían analizar sus motivos a la vista de la composición de muchos de los equipos que estamos viendo jugar. Yo me ratifico en que en el debate sobre el término «raza» termina en el momento en que asumimos que todos pertenecemos a la raza humana, en la que hay altos y bajos, gordos y flacos, rubios y morenos, etc. etc.
Cierto es que algunos, para confirmar el proceso de la evolución, quieren demostrar que se han quedado en la fase previa al cromañón, demostrando que saben hacer perfectamente de chimpancés, pero son la excepción. Luego confiemos en que no perdamos el tiempo en debates que no aportan nada salvo para demostrar que a algunos no les da vergüenza en que el resto de la humanidad se enteren de lo que son.
Y ahora voy al título de esta columna, nacemos donde las circunstancias llevaron a nuestra madre al momento del parto que nos hizo venir al mundo, eso genera vinculaciones afectivas y emocionales en mayor o menor grado a ese lugar en que nacimos, luego, la vida o nuestras decisiones personales nos hacen, o no, cambiar de residencia, rodearnos de nuevos amigos y compañeros, encontrarnos en entornos diferentes a los que nos debemos adaptar. Y así hacemos valer el término «pace» como referencia al ganado que pasta, haciendo un uso metafórico de dicha expresión, indicando que al igual que un animal pertenece al lugar donde se alimenta y vive, una persona termina identificándose con el lugar donde ha echado raíces. Por lo tanto, bienvenido sea que en un momento hagamos valer nuestros sentimientos de pertenencia a nuestro lugar de origen, que estemos orgullosos de ello, que defendamos nuestro lugar de nacimiento por la vinculación que supone con nuestros ancestros, pero estemos también agradecidos al lugar en el que vivimos, el lugar donde «pacemos» ya que es aquí donde nos hemos adaptado, donde obtenemos los recursos para comer y vivir. Yo tengo la suerte de ser un TTV (toledano de toda la vida) así que estoy paciendo donde nací, lo tengo fácil, pero entiendo a todo aquel que se adapta partiendo de otra situación, es de mi misma raza, un ser humano.


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