San Pedro Mártir y las Cortes

Por Francisco Javier Díaz Revorio

Publicado en La Tribuna de Toledo el 27 de marzo de 2026

El convento de San Pedro Mártir de Toledo es uno de esos lugares fascinantes y maravillosos, presente en tantos momentos importantes de nuestra historia. Hoy voy a centrarme en un aspecto apenas mencionado en general, que es su condición de sede de reuniones parlamentarias, que como es bien sabido, en estas latitudes reciben desde su origen leonés el nombre de Cortes. El momento más reciente, y seguramente más conocido, se produjo en el breve período 1982-1983, en el que fueron -aunque efímeramente- sede de las nacientes Cortes de Castilla-La Mancha. Ya el Estatuto de autonomía estaba aprobado (y por lo tanto la Comunidad Autónoma ya existía) cuando el 15 de septiembre de 1982 se reunió en la iglesia del citado convento la llamada “asamblea provisional” prevista en la disposición transitoria tercera de dicho texto, compuesta por un número igual de parlamentarios a los diputados y senadores de cada partido, pero no elegidos directamente por el pueblo, sino por cada partido entre cargos electivos. Pero además, la primera sesión constitutiva de las primeras Cortes de Castilla-La Mancha, celebrada el 31 de mayo de 1983 (desde entonces “día de la región”) tuvo también por sede la iglesia de San Pedro Mártir, como documentan algunas fotos. Así que esta iglesia es también, si se me permite la expresión, el lugar “sagrado” en el que la representación de la soberanía popular de la región se visualizó por primera vez.

Pero muchos siglos antes, la misma iglesia ya había sido sede de varias reuniones parlamentarias. Por ir a lo seguro, está documentado que fue el lugar en el que se reunieron las importantísimas Cortes de Toledo de 1480. Fue esta una reunión de enorme trascendencia, que aprobó gran cantidad de regulaciones y en cierto modo sentó las bases del tránsito del modesto reino al poderoso Estado en que se iba a convertir. Nieto Soria llega a advertir el paralelismo entre estas Cortes y las de Cádiz de 1810-12, ya que en ambas se trata de recuperar la esencia de la nación, en momentos de turbulencia. Pues bien, aunque no hay demasiadas referencias, una obra reciente de Díaz Majano cita varias fuentes que confirman que las sesiones generales de estas Cortes tuvieron lugar en la iglesia de San Pedro Mártir (aunque la jura del príncipe Juan fue en la catedral). Incluso un manuscrito explicita que de los salarios de las Cortes se otorgasen 10000 maravedíes “A San Pedro Mártir, en limosna e porque se juntavan alli los señores procuradores”. Incluso, según varios autores, San Pedro Mártir era “lugar tradicional de las Cortes reunidas en Toledo”, así que el actual paraninfo de la Facultad de Ciencias Jurídicas está intensamente vinculado a la historia de nuestro parlamentarismo. Y no puedo dejar de proponer que sería oportuno que una placa recordase esta faceta de la iglesia conventual.

Del Quijote en el Jazz al Diccionario, 2025 en la Academia

Por Hilario L. Muñoz

Publicado en La Tribuna de Ciudad Real el 24 de marzo de 2026

La Academia de Ciencias Sociales de Castilla-La Mancha ha hecho balance de su actividad en 2025 tras celebrar su pleno el pasado 19 de marzo, destacando las publicaciones que se han realizado gracias al empuje de quienes colaboran con la entidad, como son la Junta de Comunidades y las diputaciones de Albacete, Toledo y Cuenca. Entre estas publicaciones destaca el segundo volumen de Cuadernos, que recopila los textos de divulgación de la Academia, así como los Índices 2024-2025 del Diccionario Bibliográfico de Castilla-La Mancha. Además, destaca Andanzas de Don Quijote por el mundo del jazz, obra del profesor de Filología Alemana de la Facultad de Letras Hans Cristian Hagedorn, acompañada de un estudio de Juan José Pastor y Rafael González Cañal sobre la historia literaria y musical de Cervantes y su obra, y con un prólogo del consejero de Educación y Cultura, Amador Pastor.

El presidente de la Academia, Luis Arroyo Zapatero, recordó que aquel pleno comenzó con una conferencia impartida por el general de Ejército Félix Sanz Roldán, también miembro de la Academia y anterior presidente del Consejo Social de la Universidad, quien disertó sobre la posición de España en la actual situación geoestratégica mundial, lo que resultó de interés y de riqueza informativa. A continuación, se procedió al examen y aprobación de las cuentas de la Academia, cuyos ingresos y gastos ascienden a un total de 80.000 euros, que provienen tanto de las cuotas de los integrantes de la Academia como de las subvenciones de la Junta de Comunidades y de las diputaciones de Toledo, Guadalajara, Albacete y Cuenca, esta última incorporada este año.

La secretaria de la entidad, Marisol Campos, explicó que en este momento hay 156 académicos numerarios y 187 eméritos. Tanto ella como el presidente recordaron la pérdida de tres integrantes en los últimos meses: Raúl del Pozo, Rubén Salgado y Jesús Fuentes. Igualmente, explicó que hay un programa en la Academia para llevar su actividad a municipios de menos de 2.000 habitantes, con actividades en las provincias, así como las conferencias en la Academia José Saramago o los premios entregados a José Corredor Matheos, Pedro Miguel Ibáñez, José Esteban o Emilio Ontiveros.

Jazz

Juan José Pastor, presidente de la sección de Historia del Arte de la Academia y codirector del Cidom, fue el encargado de presentar esa obra sobre el Quijote, que se aleja de la visión típica con la que se enfoca el legado cultural de Cervantes, centrado en la ópera, la lírica o el ballet, para adentrarse en el mundo del jazz. «La novela, desde el principio, tiene muchas referencias musicales», recordó Pastor, señalando que el objetivo de Cervantes fue hacerla más cercana a su época.

Pastor explicó que «nadie había escrito un catálogo documentado del Caballero de la Triste Figura en la música urbana y el jazz» y que en esta ocasión han contado con la participación de Hans Cristian Hagedorn, que ha realizado un trabajo «excepcional» para catalogar algunas composiciones, que mediante código QR se pueden escuchar en diversas plataformas y que incluyen algunos temas de los que solo existe una copia, la que se puede oír a través de este libro.

Hagedorn recordó que hay 250 grabaciones de jazz y que se basa en un proyecto iniciado hace 10 años, en el que se recopilan músicas de 48 países, entre ellos Estados Unidos, Francia o Alemania. Como curiosidad, señaló que hay más canciones de música popular sobre el Quijote fuera que dentro de nuestras fronteras, incluso en Brasil, donde las canciones de jazz sobre el personaje de Cervantes superan a las españolas.

La intención es presentar este libro en varios espacios, como Toledo o Madrid.

Diccionario

Uno de los dos impulsores del Diccionario Bibliográfico, Isidro Sánchez, dio cuenta de los índices que se han publicado. Tanto él como Alfonso González-Calero han ido recopilando 1.500 biografías desde 2024, con la implicación de 450 personas que han escrito alguna de ellas. «Entre el 15 y el 16 por ciento son mujeres y estamos incluyendo personas de muy reconocido prestigio», dijo Sánchez, recordando que esos índices publicados incluyen el nombre de la entrada, la fecha de nacimiento y de fallecimiento, así como el autor de la biografía. «Es una herramienta muy importante», dijo Sánchez, señalando que el acceso, al igual que a todas las publicaciones, es libre a través de la web de la Academia y que los índices se han remitido a todas las bibliotecas de Castilla-La Mancha.

Futuro

De cara al futuro, se abren dos vías en la Academia con el proyecto Castillos, paisajes y patrimonio de Castilla-La Mancha, que ya se puede consultar en castillosdecastillalamancha.es/ y que recopila once castillos, de momento, con su historia y su representación, en un trabajo realizado por Francisco Ruiz, Jesús Molero, Plácido Ballesteros, David Gallego y Jaime García Carpintero.

También se avanzó como próxima actividad de la Academia una exposición sobre los 40 años de la prensa en Castilla-La Mancha, a cargo de Laura Espinar y un amplio y cualificado equipo de colaboradores de toda la región. La segunda está comisariada por Oliva Blanco y será un recorrido bajo el título Los hombres que amaron a las mujeres, es decir, los varones que desde un principio abrazaron la causa del feminismo. Ambas exposiciones recorrerán el conjunto de la región.

También comienzan a programarse actividades inmediatas en algunas localidades, como un ciclo que va a conmemorar en Guadalajara los 75 años de la desaparición de Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones, que será coordinado por Juan Pablo Calero Delso.

Inflación

Por Juan Ignacio de Mesa

Publicado en La Tribuna de Toledo el 23 de marzo de 2026

En el año 2024 se cumplió el 400 aniversario de la muerte, en Toledo, del jesuita Talaverano Juan de Mariana, uno de los personajes más relevantes de la Escuela de Salamanca. Desgraciadamente, salvo las actividades que llevó a cabo la Academia de Ciencias Jurídicas y Sociales de Castilla-La Mancha, poco o nada se hizo en su recuerdo. Es oportuno recordar que Juan de Mariana, en su obra «De Monetae mutatione», hace un tratado sobre la inflación, indicando que no se trata de un fenómeno natural inevitable, sino que es el resultado de decisiones políticas. Consideraba que era un impuesto encubierto que perjudicaba al pueblo y enriquecía al soberano, lo veía como una forma de expropiación injusta, llegando a afirmar que era comparable a un acto tiránico. Tal fue el impacto de su obra que fue encarcelado en 1609.  Fue un verdadero precursor de ideas que hoy consideramos que estarían vinculadas con la defensa de la estabilidad monetaria y la consideración de la inflación como un impuesto oculto. Efectivamente, la inflación al subir los precios de los productos hace que los salarios reales disminuyan y que el ahorro pierda valor. Y lo que este gran pensador nos dijo a principios del siglo XVII, se ha desarrollado posteriormente por economistas como Milton Friedman. Este asevera que «la inflación es siempre y en todo lugar, un fenómeno monetario, como resultado de malas políticas». Si Mariana intuyó el problema, Friedman lo ha convertido en teoría científica. La base de la inflación está en las malas políticas monetarias que se llevan a cabo, pero es curioso que los perjudicados son los ciudadanos, mientras que, a corto plazo, quién se beneficia es el Gobierno de turno que dispondrá de más dinero gracias al incremento de recaudación de los tributos. Hoy en día, la inflación también nos puede afectar, no solo por las malas políticas monetarias de los gobernantes más cercanos, si no, como consecuencia de conflictos bélicos, situación geopolítica mundial, o simplemente cambios en el mercado de la energía, pero esto no es óbice para que las medidas que se puedan adoptar para minimizar el efecto de la inflación se tengan que adoptar de forma acertada y cuanto antes. Leer a Juan de Mariana puede que a muchos les quede lejos, pero Milton Friedman está relativamente cerca. Menos redes sociales y más lectura de libros no sería una mala recomendación.

Diccionario biográfico de Castilla-La Mancha. Índices 2024-2025.

Hay libros que no solo informan, sino que ayudan a construir una conciencia colectiva. Eso es lo que ocurre con Diccionario biográfico de Castilla-La Mancha. Índices 2024-2025, una publicación que recoge en papel los dos primeros años de vida de un proyecto cultural de gran alcance: el Diccionario Biográfico de Castilla-La Mancha. No estamos ante un simple repertorio de nombres, sino ante una herramienta de memoria, conocimiento e identidad regional.

El volumen nace con una vocación muy clara. Como explican sus responsables, un diccionario biográfico de ámbito territorial sirve para conocer el patrimonio de una comunidad, recuperar su historia, divulgar trayectorias vitales y comprender mejor los hechos y procesos que han configurado una sociedad. En este caso, el objetivo declarado es preservar el legado cultural, científico y humanístico de Castilla-La Mancha y ponerlo a disposición de investigadores, estudiantes y del público en general mediante un recurso accesible y riguroso.

Los datos del proyecto son, por sí solos, elocuentes. Esta primera entrega impresa reúne en torno a 1.500 biografías incorporadas en 2024 y 2025, elaboradas gracias a la participación de más de 440 colaboradores. Esa dimensión colectiva es uno de los grandes valores de la obra: el diccionario no responde a una mirada única, sino a una amplia red de investigación y escritura que ha permitido reunir perfiles muy diversos, desde figuras ampliamente reconocidas hasta personajes secundarios, olvidados o poco estudiados, pero relevantes para entender la historia de la región.

Hay además un aspecto especialmente valioso en este libro: su honestidad. No se presenta como una obra cerrada ni autosatisfecha, sino como una realidad viva. Los coordinadores reconocen, por ejemplo, que la proporción de mujeres incluidas sigue siendo baja, alrededor del 15 %, y que todavía quedan muchos municipios de Castilla-La Mancha sin presencia suficiente en el diccionario. Lejos de ocultar esas carencias, las convierten en un estímulo para seguir ampliando y corrigiendo el proyecto.

El prólogo, además, acierta al situar el sentido profundo de la obra. Saber quiénes somos exige conocer a quienes nos precedieron. En esa idea reside buena parte de la fuerza del libro: cada biografía no es solo una ficha, sino una pieza de una memoria compartida. Castilla-La Mancha aparece aquí no como una abstracción, sino como una comunidad hecha de trayectorias personales, de esfuerzos, de vocaciones, de legados y también de olvidos que ahora se intentan reparar.

En suma, Diccionario biográfico de Castilla-La Mancha. Índices 2024-2025 es una obra muy valiosa por su utilidad documental, por su alcance colectivo y por su significado cultural. Es, al mismo tiempo, un instrumento de consulta y una afirmación de memoria regional. Un libro para bibliotecas, centros educativos, investigadores y lectores curiosos, pero también un recordatorio de que una comunidad se conoce mejor cuando se toma en serio la tarea de recordar a quienes la hicieron posible.

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Cuadernos de la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades de Castilla-La Mancha número II

El número 2 de Cuadernos de la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades de Castilla-La Mancha, publicado en marzo de 2026, confirma la vocación de esta colección: ofrecer un espacio de reflexión plural, rigurosa y accesible sobre los grandes asuntos que atraviesan nuestro tiempo y nuestro territorio. No estamos ante una mera recopilación de artículos, sino ante una publicación que quiere pensar Castilla-La Mancha en diálogo con problemas políticos, económicos, sociales y culturales de alcance mucho más amplio.

El propio volumen lo declara desde su presentación. Según explica Luis Arroyo Zapatero, presidente de la Academia, esta segunda entrega continúa el camino iniciado por el primer número y responde al propósito de reunir textos capaces de “instruir deleitando”, inspirados por la convicción de que la ciencia y las humanidades son una base indispensable para el progreso y la convivencia. Esa declaración de intenciones se traduce aquí en una selección de trabajos particularmente variada, donde conviven la historia contemporánea, la inteligencia artificial, la salud mental, la economía regional, la despoblación, el patrimonio y la identidad territorial.

El índice da buena cuenta de esa ambición interdisciplinar. Entre los quince artículos incluidos destacan reflexiones sobre el cainismo y la violencia política en la España contemporánea, el futuro de la democracia liberal en la era de la inteligencia artificial, los riesgos y oportunidades de la digitalización en el ámbito de la salud mental, la estructura económica de Castilla-La Mancha o la despoblación rural en la provincia de Guadalajara. Junto a ello aparecen estudios sobre patrimonio histórico, memoria, historia local y cultura regional, que refuerzan la dimensión territorial del volumen.

Uno de los aciertos de la publicación es precisamente ese equilibrio entre lo general y lo próximo. Los textos no se encierran en debates abstractos, sino que conectan cuestiones globales con realidades concretas de Castilla-La Mancha. Así, el volumen puede leerse a la vez como una revista académica, como una herramienta de divulgación cultural y como un observatorio de problemas públicos que afectan directamente a la región.

Además, Cuadernos de la Academia no se agota en sus artículos. El número incorpora también semblanzas de los Premios de la Academia, notas de libros y una sección documental de notable interés institucional: la reproducción del texto del Estatuto de Autonomía de Castilla-La Mancha enviado por las Cortes regionales a las Cortes de España. Esta inclusión refuerza el valor del volumen como testimonio de la vida intelectual e institucional castellano-manchega en un momento concreto.

En un tiempo marcado por la fragmentación del debate público y por la aceleración informativa, publicaciones como esta tienen un valor añadido. No solo ordenan conocimiento, sino que lo ponen al servicio de una conversación pública más seria, más informada y más arraigada en la realidad. Por eso este segundo número de Cuadernos de la Academia merece leerse no solo como una obra colectiva de interés académico, sino también como una aportación relevante a la vida cultural de Castilla-La Mancha.

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Andanzas de Don Quijote por el mundo del Jazz. Un catálogo de 250 ejemplos (1925-2025)

Don Quijote también suena a jazz

Cuando pensamos en la huella artística de Don Quijote de la Mancha, lo habitual es evocar la literatura, la pintura, el teatro, la ópera o el cine. Menos evidente resulta imaginar al caballero manchego entrando en los territorios del jazz. Y, sin embargo, eso es precisamente lo que demuestra el libro Andanzas de Don Quijote por el mundo del jazz. Un catálogo de 250 ejemplos (1925–2025), de Hans Christian Hagedorn: que la obra de Cervantes no solo sigue viva en la cultura contemporánea, sino que también ha encontrado una resonancia profunda en uno de los lenguajes musicales más creativos y libres de los siglos XX y XXI.

El volumen parte de una constatación tan sencilla como reveladora: la recepción musical del Quijote ha sido estudiada de forma abundante en la música clásica, la ópera o el ballet, pero apenas se había prestado atención a su presencia en la música popular y, en particular, en el jazz. Desde esa laguna de investigación, Hans Christian Hagedorn emprende un trabajo de gran alcance: identificar, catalogar y analizar 250 composiciones y grabaciones jazzísticas, o con influencias del jazz, relacionadas con la novela cervantina en todo el mundo entre 1925 y 2025.

No estamos, por tanto, ante una simple curiosidad erudita. El libro propone una cartografía cultural de largo recorrido, construida a lo largo de diez años de búsqueda, inventariado, sistematización y análisis en archivos, bibliotecas y fuentes internacionales. Su propósito no es únicamente reunir materiales dispersos, sino ofrecer una base sólida para futuras investigaciones y abrir nuevas vías de lectura sobre la proyección universal del Quijote.

Uno de los mayores aciertos de la obra es precisamente ese cruce de perspectivas. El estudio se sitúa en un espacio fértil entre la literatura comparada, la musicología, los estudios intermediales y el cervantismo. A partir de ahí, muestra cómo Don Quijote, Sancho, Dulcinea, Rocinante o los molinos de viento han seguido inspirando a compositores y músicos de contextos muy distintos. El resultado es una imagen sorprendente: el mito quijotesco no pertenece solo al pasado ni a los repertorios canónicos, sino que sigue reapareciendo en grabaciones, títulos, portadas y proyectos musicales contemporáneos, incluso en plena era del streaming y de la inteligencia artificial.

El libro, además, no se limita al catálogo. Su estructura revela una ambición mayor. Junto a la introducción y al estudio principal sobre la presencia del Quijote en el jazz, el volumen incorpora análisis cuantitativos y comparativos, apartados sobre distribución por países y regiones culturales, reflexiones sobre títulos y formatos, un capítulo dedicado a portadas de discos inspiradas en el universo cervantino, y una amplia bibliografía final. Todo ello convierte la obra en una herramienta útil tanto para especialistas como para lectores interesados en las conexiones entre literatura y música.

Hay también en este proyecto algo especialmente sugerente desde el punto de vista simbólico. El Quijote representa un imaginario de justicia, dignidad, compasión y resistencia frente a la mediocridad del mundo. El jazz, por su parte, ha sido históricamente un espacio de libertad expresiva, improvisación, mestizaje y reinvención. Que ambos universos se encuentren no parece, en el fondo, algo extraño, sino profundamente coherente. La figura de Don Quijote, con su mezcla de idealismo, desajuste y potencia imaginativa, dialoga de forma natural con un género que siempre ha sabido convertir la tensión, la ruptura y la búsqueda en forma artística.

Desde Castilla-La Mancha, esta publicación tiene además un valor añadido. No solo porque vuelve a situar a Cervantes y a su obra en el centro de una conversación cultural internacional, sino porque lo hace desde una mirada nueva, capaz de conectar el legado clásico con las formas más vivas de la creación contemporánea. En ese sentido, Andanzas de Don Quijote por el mundo del jazz no es solo un libro sobre música o sobre literatura: es también una invitación a escuchar de otro modo un clásico que sigue hablando, viajando y transformándose.

En definitiva, Hans Christian Hagedorn ofrece una investigación original, rigurosa y muy valiosa, que demuestra hasta qué punto la aventura quijotesca sigue generando ecos inesperados. Gracias a este libro, sabemos ahora que Don Quijote no solo cabalga por los caminos de La Mancha o por las páginas de la historia de la literatura: también improvisa, reaparece y resuena en el mundo del jazz.

DISPONIBLE PARA DESCARGA:

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Lo que dijo el Rey sobre la conquista de América

Por Agustín Conde Bajén

Publicado en eldebate.com el 21 de marzo de 2026

El pasado día 16, SM el Rey pronunció unas palabras sobre la actuación de los españoles en la américa recién descubierta que han causado cierta polémica. Cuando leo lo que el Rey ha dicho, compruebo que poco tiene que ver con lo que sus críticos dicen que dijo. ¿Qué afirmó el Rey don Felipe? Dijo que «los propios Reyes Católicos, la reina Isabel, con sus directrices, las leyes de Indias, demostraron un afán de protección» [aunque] «luego la realidad hace que no se cumpla como se pretende y hay mucho abuso». Dijo también que «hay cosas que cuando se estudian y se miran con nuestro criterio de hoy en día, con nuestros valores, obviamente no pueden hacernos sentir orgullosos». Añadió que todo eso hay que analizarlo «en su justo contexto, no con excesivo presentismo moral», y que «hay que sacar lecciones ante las controversias morales y éticas que hubo sobre cómo se ejerció el poder desde el primer día».

Sobre estas palabras, que cito literalmente, algunos han construido una crítica al Rey acusándolo de ponerse del lado de la Leyenda Negra, o de socavar el prestigio de España. No necesita SM el Rey que se le defienda, y menos puede ser quien firma estas líneas quien se erija en su campeón en la contienda, así que me limitaré a decir que, en mi modesta opinión, nada de lo dicho por el Rey es falso y en nada perjudica a España. Al contrario, lo que el Rey ha hecho es recordar que la actuación de la Corona Española en América fue un ejemplo de moralidad, con independencia de que hubiera actos concretos que claramente pueden ser calificados de abusos.

Cuando los primeros españoles llegaron a América, encontraron pueblos en un estado de muy primitivo desarrollo. Era ahí común el canibalismo, se desconocía la escritura y hasta la rueda. No faltaron quienes discutieron por ello incluso la naturaleza humana de los indios que allí habitaban. Desde el mismo comienzo de la conquista, hubo españoles que defendieron la dignidad de los indios y su carácter de seres libres. Fueron dominicos españoles quienes influyeron en el Papa, que era el llamado a pronunciarse al respecto, para que Paulo III dictara la Bula Sublimis Deus en 1537, en la que se reconocía la naturaleza humana y de seres libres de los indios. Pero antes incluso de que el Papa hablara, fue la Corona Española quien con mano firme defendió la dignidad de esos nuevos súbditos. Isabel la Católica prohibió el 20 de junio del año 1500 la esclavitud de los indios, ordenando que fueran devueltos a sus tierras aquellos que fueron esclavizados y traídos a España. En su testamento, en 1504, escribió que «no consientan ni den lugar que los indios reciban ningún agravio en sus personas ni en sus bienes». A pesar de eso hubo abusos, y no es que lo diga ahora el Rey don Felipe VI, es que lo dijo en 1511 fray Antonio de Montesinos en un famoso sermón que hizo que el Rey Católico, don Fernando II de Aragón, regente de Castilla en ese momento, dictara las Leyes de Burgos en 1512, que eran un tratado de treinta y cinco leyes que recogían los derechos de los indios. Allí no solo se decía que eran hombres libres, sino que se concretaban derechos que hoy consideraríamos de plena actualidad. Por ejemplo, se prohibía el trabajo infantil o el de las embarazadas a partir del cuarto mes de gravidez, o el de las madres hasta pasados tres años del alumbramiento. Hoy el permiso de maternidad no llega a cinco meses.

A pesar de esas leyes, hubo abusos en las encomiendas. Y tampoco es que sea algo que dice hoy don Felipe VI, es que lo dijeron fray Bartolomé de las Casas y fray Francisco de Vitoria, lo que llevó al Emperador Carlos V a dictar las Nuevas Leyes de Indias en 1542 en las que, entre muchas otras cosas, abolía las encomiendas. Lamentablemente, esas Leyes Nuevas no llegaron a estar vigentes. Los Virreyes, alegando que eran inaplicables, las mandaron publicar, pero añadiendo al pie la frase «se acate, pero no se cumpla». De nuevo hubo abusos en las tierras americanas, y de nuevo no es algo que diga ahora don Felipe VI, sino que lo siguió diciendo De Las Casas; y otra vez intervino la Corona para estudiar la situación en América. El Rey don Felipe II convocó la célebre Junta de Valladolid entre los años 1550 y 1551 para hacer que se analizara el asunto, e incluso para decidir si España tenía derecho a dominar América; si la corona tenía o no justos títulos para esa conquista, y ello incluso a pesar de que el Papa Alejandro VI había ya dictado en 1493 las cuatro bulas conocidas como las Bulas Alejandrinas que reconocían el derecho de España y de Portugal a adueñarse de las tierras recién descubiertas. El Rey ordenó que se paralizara toda conquista en tanto no concluyera la Junta. No existe precedente, ni antes ni después de aquella fecha, en el que pueda encontrarse una potencia, digamos colonial, que examine la legitimidad de sus conquistas y sus deberes para con los naturales de las tierras conquistadas. Desde luego, nada semejante hicieron ni los imperios británico, ni el francés, ni la corona belga, ni los propios Estados Unidos, incluso siglos después de la fecha en que los españoles así actuaban.

De aquella disputa de Valladolid surgió el moderno derecho de gentes, el más concreto precedente de la teoría de los Derechos Humanos, y tuvo como resultado práctico que desde entonces sí se aplicaran las Leyes Nuevas de Indias en el territorio americano.

Visto lo anterior, podemos ahora hacernos algunas preguntas. ¿Dijo SM el Rey Felipe VI algo falso cuando sostuvo que hubo abusos en América a pesar de los esfuerzos de la Corona por impedirlos? No, dijo la verdad emanada de la Historia. ¿Decir lo que dijo perjudica la imagen de España? Al contrario. Cuando hizo referencia a las «controversias morales y éticas» y a «como se ejerció el poder desde el primer día» está señalando el inmenso esfuerzo de España por someter a criterios de justicia y de moral su actuación en aquellas tierras, algo que no tiene comparación posible con ninguna otra potencia de entonces ni de siglos posteriores. Lo que hace el Rey, al contrario de lo que algunos han dicho, es señalar la inmensa labor civilizatoria de España en América (y repito y resalto lo de «civilizatoria»). SM el Rey no pidió perdón por nada de lo hecho por España hace cinco siglos, entre otras cosas porque eso de pedir perdón por cosas de medio mileno atrás es ridículo, además de absurdo por inútil.

Y ahora, me permitirán los lectores un pequeño añadido vista la reacción de alguna torpe dirigente mexicana. Cuando México alcanzó su independencia en 1821, la población indígena del Virreinato de Nueva España era del 60 %, y ese mismo porcentaje hablaba las lenguas originarias. Hoy la población indígena es el 19,4 %, y solo el 6,1 % habla esas lenguas. El México independiente tardó menos de treinta años desde su independencia en perder el 55 % de su territorio frente a los EE.UU., lo que se consumó en el tratado de Guadalupe-Hidalgo de 1848. El México que dejó España era una de las regiones más ricas del mundo en 1821. Hoy México es el país número 66 por renta per cápita. Si alguien tiene que pedir perdón a los mexicanos, me da la impresión de que ese alguien tiene pasaporte mexicano y les da la tabarra todas las mañanas en sus interminables ruedas de prensa.

Jesús Fuentes en el recuerdo

Por José María Barreda

Publicado en La Tribuna de Ciudad Real el 8 de febrero de 2026

Recién salido del hospital tras una importante operación de corazón, me llegó la noticia del fallecimiento de Jesús Fuentes. Me impresionó. Sólo unas semanas antes le llamé para pedirle un favor: Me había comprometido con Peridis en presentar en la biblioteca del Alcázar su último libro, pero me citaron para la intervención quirúrgica. Enseguida pensé en Jesús para que fuera él el presentador, de acuerdo con Peridis que se mostró encantado. Con su generosidad habitual, Jesús aceptó en seguida pues su relación con la cultura y la Biblioteca siempre ha sido muy intensa.

La presentación fue el 15 de enero y, gracias también al buen hacer del infatigable Alfonso González Calero, resultó un éxito. Al día siguiente, apenas veinte días antes de su fallecimiento, me escribió muy cariñoso contándome el acto, deseándome que la operación fuera bien y diciendo que se habían acordado de mí. No conocía entonces el estado de su salud, que ha llevado hasta el último momento con estoicismo castellano.

Es mi último recuerdo. Ahora soy yo quien le recuerda. Recordar, lo dice la etimología, es «volver al corazón «. Vuelve Jesús a mi corazón recién renovado y recuerdo que desde que nos conocimos en 1980, de la mano de Juan Pedro Hernández Moltó, que fueron a buscarme al Colegio Universitario de Ciudad Real, nos «caímos» muy bien. Se estaba organizando en la Región «aquel PSOE». Yo valoraba su cultura literaria e histórica.

Desde diciembre de 1982, con ocasión de la victoria del PSOE, hasta mayo de 1983, cuando se celebraron las primeras elecciones autonómicas, fue presidente de Castilla-La Mancha. Jesús fue también secretario general del Partido en la Región, diputado, senador y muchas cosas más. Pero no quiero referirme ahora a su trayectoria política, siempre coherente y leal pese a los inevitables sinsabores ( es un eufemismo) que esta actividad recoge de adversarios y correligionarios. Le recuerdo, lo «vuelvo al corazón», como un toledano por los cuatro costados, de carne y hueso, no un «hombre de palo», no bebiendo de ningún «pozo amargo» de rencor, ni clavando «alfileritos» de amargura sino colaborando activa, felizmente ,en la vida social y cultural de la ciudad que tanto ha amado.

Compañero y paisano «Jesús», que tus «Fuentes» de buen hombre se desborden, fluyan con libertad hacia el Tajo y consigan que sus aguas vuelvan a ser las puras y cristalinas que cantó Garcilaso.

Cuando hablan las armas se callan las leyes (silent leges inter arma)

Por Antonio Marco;

Publicado en El Decano de Guadalajara el 12 de enero de 2026

En estos días son numerosos los ciudadanos que se sienten asombrados, estupefactos y algunos hasta abatidos por la flagrante vulneración del ‘derecho internacional’ que el Presidente ‘Emperador’ de Estados Unidos, Donald Trump, ha cometido al secuestrar violentamente en Venezuela a su Presidente, Nicolás Maduro, y trasladarlo esposado a Nueva York para someterlo a un preanunciado proceso judicial utilizando el enorme poder de su ejército. La acción por novelesca y cinematográfica que parezca hace volar por los aires el frágil edificio del mínimo derecho y mínimas normas que deben regir las relaciones y la convivencia de las naciones y de los habitantes de este mundo tan convulso y complicado.

Pero la historia nos enseña miles de ejemplos de violencia y guerras desde la Antigüedad como para que a estas alturas nos sorprendamos ingenuamente. El famoso político, orador y abogado romano Cicerón nos legó en su discurso ‘En favor de Milón’ una expresiva sentencia o máxima bien conocida desde la Antigüedad: silent leges inter arma, cuando hablan las armas las leyes guardan silencio. Así ha sido a lo largo de la Historia: en las guerras el único derecho es el ius belliel de guerra, el de la fuerza, porque la guerra se hace precisamente para imponerse por la fuerza y violencia de las armas. ¿Quién, siendo más débil, puede frenar la voluntad absoluta del vencedor más fuerte?

La Historia, también la Antigua, nos sirve para conocer los hechos pasados, su génesis y su evolución hasta nuestros días; nos sirve, pues, para aprovechar los elementos positivos de lo ocurrido y no repetir errores. Es la clásica concepción, también de Cicerón, de Historia magistra vitaela Historia maestra de la vida.

Pues bien, resulta tentador y en algunos casos hasta estimulante por evidente la comparación y semejanza del imperio norteamericano actual con el Imperio Romano antiguo y algunas características narcisistas y megalómanas del presidente Donald Trump resultan muy similares al comportamiento personalista, autoritario, errático y endiosado de algunos emperadores romanos.

El imperio romano creció en unos pocos siglos desde un poblado de pobres cabañas de barro y pajas hasta dominar un imperio que se extendía desde Escocia a los desiertos de Siria dominando las dos orillas del Mar Mediterráneo al que coherentemente llamaron Mare Nostrum, Nuestro Mar. La historia de ese imperio es una historia de guerra permanente en la que el sonido de las armas no dejó de oírse y los breves intervalos de paz se cuentan con los dedos de las manos. Si la historia oficial nos cuenta que al principio lo que obligó a los romanos a la guerra fue la defensa frente a sus vecinos agresivos y amenazantes, a partir del siglo III a. C. y hasta el V de C., ochocientos años pues, fue la ambición insaciable de riquezas para el bienestar del ‘pueblo romano’ y de la situación personal y familiar de los líderes guerreros de unas pocas familias que tradicionalmente dirigieron la política de Roma. Sirva como un simple ejemplo de los cientos posibles conocer la principal razón por la que Julio César se lanza a la conquista de la Galia al otro lado de los Alpes: robar la suficiente riqueza a los galos para poder hacer frente a sus multimillonarias deudas contraídas en Roma; fueron ocho años de rapiña sin límite y de cientos de miles, varios millones para algunos historiadores, de galos y germanos muertos y masacrados sin piedad. Roma lleva la violencia, la guerra y la rapiña a todos los rincones, por apartados que estuvieran, del mundo conocido a cientos y aun miles de kilómetros, como hoy hace el imperio norteamericano; en determinado momento Roma tiene más de cincuenta legiones a lo largo de los cientos de kilómetros de la frontera del Rin, del Danubio y de los desiertos de Asia, con medio millón de soldados, como hoy el imperio americano tiene no menos de setecientas bases militares repartidas por todo el planeta.

La política de expansión romana es muy simple conceptualmente: acuden allí donde hay algo valioso, oro, plata, cereales, lana, soldados, esclavos que son absolutamente necesarios para su sistema esclavista; proponen un tratado desproporcionado a los habitantes del lugar cuya aceptación supone ser dominados pero cuyo rechazo implica la aniquilación. Todo esto nos suena realmente moderno.

Las acciones guerreras casi siempre victoriosas, a veces con costes inconmensurables, deben ser conocidas por los ciudadanos en la capital, en Roma o en Nueva York, para su aceptación y disfrute. Hoy son sofisticados medios de comunicación audiovisual perfectamente manejados y manipulados los que informan al ciudadano de la metrópoli americana y del mundo entero. Hemos visto una y otra vez hasta la saciedad al presidente de Venezuela, maniatado, cojeando, humillado, subir y bajar de uno a otro vehículo por tierra, mar y aire hasta quedar recluido en una cárcel de Nueva York. En la antigua Roma los instrumentos y canales de información al ciudadano eran las inscripciones de las monedas que corren por todas las manos transmitiendo mensajes de pura propaganda y sobre todo la grandiosa ceremonia y desfile del ‘triunfo’, máximo premio para el general, el imperator, que había conseguido incontable y asombroso botín y había matado al menos a cinco mil enemigos, requisito este necesario.

En un recorrido de cuatro kilómetros por la capital del mundo desfilaban los soldados con su general endiosado, se mostraban centenares de carros y animales cargados con el botín, se mostraban carteles, dibujos y gráficos explicativos del país y de la guerra ganada y arrastraban sus pies encadenados los cientos de soldados enemigos vencidos y  esclavizados y los cientos de rehenes obtenidos; pero el plato fuerte era sin duda ver humillado y vencido al rey o caudillo enemigo como máxima expresión del poder romano.

Los historiadores y escritores romanos y griegos nos han dejado decenas de descripciones de este desfile triunfal. Uno de los más espectaculares es el que celebró uno de los varios triunfos de Julio César en su lucha, en concreto con el líder galo Vercingétorix, al que arrastra en su procesión. Nos lo cuenta Plutarco. El galo, siguiendo una fórmula ritual y tradición de su pueblo, al sentirse vencido por el romano se despojó de sus armas, sus adornos y sus brazaletes de oro y se postró ritualmente ante él vencedor en un gesto celta de sumisión. César lo exhibió encadenado en su triunfo para inmediatamente arrojarlo al Tullianum, la infame, sucia y fría prisión subterránea de Roma en donde vivió seis años y finalmente fue ejecutado. Cincuenta años antes el cónsul y general Mario llevó en su desfile encadenado a Yugurta, rey de Numidia, en África. Tras esta humillante exhibición, fue arrojado al Tullianum, donde murió de hambre seis días después sin que se le ofreciera ni pan ni agua. Yugurta había sido traicionado por su aliado, el rey mauritano Boccho, y entregado al procónsul romano Sila, pero el triunfo era del jefe del ejército, del cónsul Mario. Por supuesto se aplica también lo que luego expresa la máxima latina, esta no romana sino posterior propia del common law anglosajón«male captus, bene tenetur», que significa «mal capturado, bien retenido» y que no se para a considerar si la detención es ilegal, doctrina igual a la llamada Ker-Frisbie emitida por la Corte Suprema de EE.UU en 1866. Esto nos lo cuenta Salustio. En algunos casos el poderoso romano podía mostrarse más generoso y perdonarle la vida al enemigo que no hizo sino defenderse de una agresión imperialista. Claro está, para el romano todos los extranjeros eran bárbaros, inferiores, despreciables; probablemente tenían en su mente la idea de que Roma, la Urbe, y el mundo, el Orbe, son exclusivamente para los romanos, como hoy para algunos ciudadanos del imperio América es solo para los americanos. Son muchas las semejanzas de aquellos tiempos con estos nuestros, que creíamos más civilizados.

En esos momentos de violencia guerrera no deja de ser un deseo bienintencionado el que otra máxima romana también de Cicerón nos expresa: cedant arma togaeque las armas se supediten al derecho, intentando exaltar la primacía del poder civil frente al militar, como cuando ahora piden los líderes mundiales asustados y sin capacidad de acción que cese la violencia y sea el diálogo y la diplomacia la que suavice la tensión y acabe con la guerra. Una y otra vez nos enseña la historia que toda guerra acaba con un vencedor, el más fuerte, que inmediatamente se cobrará con creces todo lo sufrido por su parte e impondrá su voluntad.

Nos parecía que en los últimos tiempos, de manera especial en el siglo XX en que la humanidad sufrió el terrible desgaste de dos guerras mundiales, con millones de muertos, millones de heridos y lisiados para toda la vida, y millones de personas sufriendo pobreza y miseria sin límite, la convivencia de los diversos pueblos se encaminaba por caminos más civilizados. Desde antiguo también, pero sobre todo a partir del siglo XVI, se va generando la teoría jurídica que justifica la necesidad de un derecho internacional. Es un proceso lento que se acelera a partir del desastre de la Primera Guerra Mundial con la creación de La Sociedad de las Naciones como respuesta a los horrores de la Primera Guerra Mundial (40 millones entre muertos y heridos). Esta Sociedad de Naciones fue incapaz de evitar la Segunda Guerra Mundial, ahora con entre 70 y 85 millones de muertos. Ahora se crea la ONU  como sucesora de la fallida Sociedad de Naciones, con el propósito principal de prevenir guerras futuras y promover la paz global y con ella instituciones de Derecho Internacional. Toda esta construcción esperanzadora que hasta hoy ha venido funcionando, aunque renqueando y de manera imperfecta e insuficiente está ahora puesta en cuestión y en dificultades por la falta de colaboración y hasta la oposición directa del Gobierno norteamericano liderado por Donald Trump. La desesperanza y preocupación se extiende como una nube negra por todo el planeta.

Hay algunos historiadores y estudiosos que consideran que los primeros creadores de un incipiente Derecho Internacional fueron los romanos con su Ius GentiuumDerecho de Gentes, y la creación del praetor peregrinus encargado de organizar las relaciones jurídicas del ciudadano romano con los muchos extranjeros con los que entran en contacto en Roma y fuera de Roma. Realmente no es así. Hay que conocer previamente que el Derecho Romano es sencillamente el Derecho que amparaba exclusivamente a los ciudadanos romanos, durante mucho tiempo una minoría en el Imperio. En esa sociedad del momento las relaciones existentes con las personas y naciones extranjeras son parte esencial que necesita regulación.

Si escuchamos los razonamientos de los pensadores antiguos que intentan fundamentar ese derecho que ampare a los extranjeros, podemos caer en un error: piensan algunos que ese derecho que ha de ser universal ha de existir por la igualdad de naturaleza de todos los hombres, pero cuando pasan de la teoría filosófica a la práctica jurídica, lo único que ese ius Gentium cuida y atiende son las relaciones privadas administrativas, comerciales y económicas entre ciudadanos romanos y extranjeros que han de ser garantizadas para que el romano extienda sus negocios por todo el mundo, pero siguen negando los derechos, que hoy llamaríamos humanos, al resto de habitantes. Y esto que parece tan antiguo nos vuelve a presentar su cara de absoluta modernidad en la práctica norteamericana. El derecho del imperio, el romano como el americano es solo de los ciudadanos romanos o americanos, pero necesita otro pragmático, expeditivo y fácil sin muchas complicaciones que dé cobertura a las necesarias transacciones y operaciones comerciales que permitan seguir negociando porque sin esas garantías mínimas tendrá difícil extender sus negocios. La consideración de la igualdad natural de todos los hombres es un obstáculo innecesario si lo que se busca es el bien particular exclusivo de un pueblo.

Y eso es lo que revela la acción del secuestro del presidente de Venezuela por la fuerza americana: se le detiene y se le juzga porque han de imponerse los derechos del ciudadano americano pero hay que mantener el que podemos llamar ius Gentium oeconomicum que  garantiza el petróleo, las tierras raras o lo que sea, derecho que como son los  poderosos lo interpretan y aplican como les interesa y si el bárbaro extranjero no lo acepta y colabora, el futuro será mucho peor, en algunos casos la aniquilación.

En conclusión, es seguro que el presidente Trump no conoce ni la historia de Roma ni el derecho romano ni el antiguo ius gentium, aunque muchos de sus colaboradores directos sin duda tienen el suficiente conocimiento adquirido en las universidades más prestigiosas del planeta. Pero Trump sí sabe que uno es el derecho y los derechos que ha de aplicar a los americanos y otro puramente comercial y pragmático que ha de aplicar a los venezolanos y a quién se ponga en medio, incluso de la amiga Europa, Groenlandia está en el punto de mira. Trump, sin saberlo, ha recuperado la doctrina de los antiguos romanos y ha revivido el antiguo ius Gentium. América para los americanos, pero el resto del mundo también.

Si alguien creía que la época de los imperialismos había acabado, estaba muy equivocado; no conocía o no era consciente de la presencia y ocupación militar y económica de Norteamérica en todo el mundo, más de doscientas bases o instalaciones militares solo en Europa, más de quinientas en el resto, ni creía que fuera posible la aparición de un dirigente megalómano y narcisista como líder de una casta de plutócratas engreídos cuyo objetivo es el poder absoluto.

Se anuncian malos tiempos, sin duda, pero es tan enorme la destrucción que estos plutócratas han iniciado y tal el miedo que infunden al planeta que probablemente han sembrado también el germen de la reacción de los demócratas. Así que es el momento de gritar de nuevo  «cedant arma togaeque las armas se supediten al derecho» y actuar en consecuencia hasta imponer el dominio de la razón.

(La imagen que ilustra esta entrada ha sido generada con herramientas de IA)

Dike, la Justicia, y Montesquieu huyeron desesperados al cielo

Por Antonio Marco

Publicado el 10 de diciembre de 2025 en el Decano de Guadalajara

Es un lugar común en muchas culturas que la vida del hombre sobre la Tierra comenzó en una época de felicidad y absoluta placidez, luego interrumpida por su amoral comportamiento, que desde entonces no ha cesado de ir a peor. Estas creaciones no son sólo literarias, sino que forman parte de las ideas del imaginario cultural general. Se corresponden con el mito bíblico del’“paraíso terrenal’ de origen sin duda mesopotámico, del de la ‘islas de los afortunados’, el del ‘buen salvaje’, el que ha inspirado las muchas ‘utopías’ que han ido apareciendo o los diversos proyectos de legislación y constituciones de las polis, de las ciudades o sociedades democráticas. La Antigüedad grecolatina lo expresó bellamente con el mito de ‘las edades del hombre’, desde la primera de oro y felicidad hasta la nuestra de duro y fiero hierro si no de barro envenenado. Hesiodo, Arato, Virgilio, Tibulo, Horacio, Ovidio, todos ellos lo cuentan con alguna variación, algunos hablan de edades y otros de razas, pero el fondo de la cuestión es el mismo, el deterioro de la justicia en la sociedad y con ello de la felicidad del hombre sobre la tierra.

En la mitología griega Dike es la diosa y personificación de la justicia, representada a veces con una balanza y una espada, que vigila y guía a los hombres por el camino de la rectitud.

A riesgo de parecer este un artículo para eruditos, permítanme que cite textualmente a Arato de Solos que vivió entre los años 310 y 240 a.C., autor del famoso poema didáctico astronómico ‘Fenómenos’, uno de los libros más difundidos y traducidos en la Antigüedad, en el que nos explica los catasterismos o conversión o transformación de dioses, seres heroicos, hechos mitológicos, e incluso principios éticos más tarde, en astros, en cuerpos celestes del firmamento, en estrellas o conjuntos de estrellas, en constelaciones. En los versos  96-136 nos describe la constelación de la Virgen, que es la Justicia, que habitó entre los hombres en los tiempos honrosos y escapó al cielo a la vista de las maldades de los hombres, que no dejaban de ser progresivas. Nos dice Arato:

«Bajo los pies del Boyero (una constelación) puedes observar a la Virgen (la constelación de Virgo del zodiaco), que sostiene en la mano una espiga floreciente. … antes vivía en la tierra y venía abiertamente a presencia de los hombres, y no desdeñaba la compañía de los antiguos, hombres o mujeres; antes bien, se sentaba mezclándose con ellos aunque era inmortal. Y la llamaban Justicia: pues congregando a los ancianos en una plaza o en una calle espaciosa, los exhortaba a votar leyes favorables al pueblo. Entonces los hombres todavía no sabían de la funesta discordia, ni de las censurables disputas, ni del tumulto del combate; vivían sencillamente».

Naturalmente esto ocurría en la edad de oro; luego con la edad de plata empeora la relación aunque todavía se mantiene en parte, con la de bronce, material con el que los hombres fueron «los primeros que forjaron las espadas criminales propias de asaltantes de caminos…»,  «la Justicia sintió aversión por el linaje de aquellos hombres y voló hacia el cielo». Arato no imaginó na edad peor que la del bronce pero otros poetas conocieron después ‘la edad de hierro’, todavía más dura y violenta y recientemente nos vemos obligados a temer otra todavía peor, la de las armas de destrucción masiva, la de los misiles nucleares.

En resumen, la Justicia huyó al cielo asqueada de las maldades de los hombres. Solo en contadas ocasiones baja a la tierra a dar nuevos ánimos a las buenas personas que de vez en cuando aparecen y se atreven a levantar la cabeza. Así fue por ejemplo cuando nuestros maestros los griegos de Atenas, a los que tanto debemos, inventaron la democracia. Como duró poco, la Justicia huyó de nuevo a los cielos. Desde entonces ha vuelto en contadas ocasiones.

A nuestro país, a España, regresó sin duda cuando hace 50 años murió el dictador Franco y hace 47 los ciudadanos aprobaron unas normas y leyes que proclamaban derechos, libertades, justicia y bienestar para todos. Pero desde entonces algunas cosas han ido empeorando y no hace tanto voló de nuevo al cielo y esta vez no lo hizo sola. Algunos hombres, especialmente algunos europeos como el francés Montesquieu, que vivió de1689 a 1755, habían pensado que dado que la sociedad de los hombres es muy compleja, si unos fueran los que hacen las leyes, otros los que gobiernan de acuerdo con ellas y otros los que corrigen a los ciudadanos que no las cumplen, ninguno tendría todo el poder, se equilibrarían unos con otros y todos viviríamos en paz y más felices. Desde entonces algunas naciones y algunos hombres han trabajado para mantener ese reparto del poder que los juristas etiquetan como legislativo, ejecutivo y judicial. Si se respeta el reparto suele darse una época de tranquilidad, de buen gobierno, de bonanza mejor repartida; si alguno de los poderes y su grupo ocupa espacios que no le corresponden, surgen los problemas, los abusos de unos u otros, las disensiones, las confrontaciones y los enfrentamientos, que en el peor de los casos ahora ya no son con armas de bronce o de hierro sino con armas mucho más poderosas, con misiles explosivos muy destructivos e incluso con bombas nucleares con capacidad para borrar a la humanidad de la faz de la tierra. Cada día es más difícil, pues, que la Justicia vuelva a habitar entre nosotros.

Incluso sin llegar a esos momentos de extrema gravedad, esta Justicia, la Virgen Dike como la llamaban nuestros queridos griegos, en su último viaje a nuestro país se ha sentido muy molesta y afectada. Aquí se encontró circunstancialmente, digamos que en Madrid pero podría haber sido en cualquier otro sitio, con Montesquieu, que vino una vez más y no pierde ocasión de explicar su teoría a los ciudadanos. Observaron juntos y  desolados cómo en muchas ocasiones en los últimos años el poder ejecutivo intenta controlar absolutamente al legislativo e influir en el judicial y su composición, cómo el legislativo fuerza la aritmética de los votos parlamentarios con sumas de difícil explicación y amparado en su impunidad critica más allá de lo razonable a los otros dos, cómo el legislativo, que debía ser absolutamente independiente y sacrosanto, se manifiesta públicamene, revestido de sus togas, medallas e ínfulas, contra el mero anuncio de posibles leyes todavía inexistentes que no son del agrado de unos cuantos, o fabrica procedimientos burocrático-judiciales de nula o endeble justificación contra detentadores del poder ejecutivo que no les agradan, (todavía no se ha atrevido a hacerlo directamente con el legislativo), o hacen públicas condenas de autoridades esenciales sin hacer pública el resto de la sentencia que justifica la condena. En la fecha en que escribo este artículo han pasado más de 17 días desde que el Tribunal Supremo condenó al Fiscal General del Estado sin que nos hayan contado al resto de ciudadanos por qué y cuáles son las causas evidentes de su delito, lo que desde luego es una clara ‘anomalía’ por ser suaves en el calificativo, porque si le diera su sentido etimológico primitivo sería una ‘ilegalidad’, porque el término griego ‘nomos’ significa precisamente ‘ley’.

Dike y Montesquieu coinciden en que las cosas no van bien y que es muy difícil vivir entre nosotros, así que han decidido de común acuerdo volar de nuevo al cielo, no sin antes dar buenos consejos a los ciudadanos para que cambien las cosas a mejor y puedan retornar alguna vez. Es cierto que algunos, muchos ciudadanos, les escuchan con esperanza porque saben que la mayoría de hombres justos podría tener la solución con su participación democrática en las sucesivas elecciones que todavía se mantienen, pero ven también con desesperación que irresponsables ejecutivos, legislativos y judiciales malean cuanto pueden la información con lo que hoy en el lenguaje del imperio se llama fake news y que en nuestro español claro y simple son  peligrosas mentiras.

No piensen los lectores que reparto por igual las culpas entre los injustos actores de los tres poderes. Como nos enseñó el filósofo griego más famoso, Platón, «la más alta injusticia consiste en parecer justo sin serlo» (La República, 361a). Todos debemos ser justos, claro está. Tal vez estaría Platón pensando en los jueces, que revestidos de sus togas, collares y medallas, en algunos países de llamativas e incomprensibles pelucas, impresionan en su apariencia y de los que no nos podemos permitir dudar ni suponerles ninguna debilidad. Sin duda son los ciudadanos más injustos los jueces que parecen justos sin serlo. ¿Cuántos son así? Ojalá sean pocos, aunque su capacidad de influir sea mucha.Todavía quedan ingenuos, tal vez yo sea uno de ellos, que creen que las cosas pueden mejorar. Precisamente escribo estas líneas al día siguiente de conmemorarse y celebrarse cuarenta y siete años de la aprobación de nuestra Constitución, la más larga y mejor de nuestra historia, la que acabó con el poder del gobernante dictador porque sanciona que el poder está en el pueblo  y en nadie más.