Jesús Fuentes en el recuerdo

Por José María Barreda

Publicado en La Tribuna de Ciudad Real el 8 de febrero de 2026

Recién salido del hospital tras una importante operación de corazón, me llegó la noticia del fallecimiento de Jesús Fuentes. Me impresionó. Sólo unas semanas antes le llamé para pedirle un favor: Me había comprometido con Peridis en presentar en la biblioteca del Alcázar su último libro, pero me citaron para la intervención quirúrgica. Enseguida pensé en Jesús para que fuera él el presentador, de acuerdo con Peridis que se mostró encantado. Con su generosidad habitual, Jesús aceptó en seguida pues su relación con la cultura y la Biblioteca siempre ha sido muy intensa.

La presentación fue el 15 de enero y, gracias también al buen hacer del infatigable Alfonso González Calero, resultó un éxito. Al día siguiente, apenas veinte días antes de su fallecimiento, me escribió muy cariñoso contándome el acto, deseándome que la operación fuera bien y diciendo que se habían acordado de mí. No conocía entonces el estado de su salud, que ha llevado hasta el último momento con estoicismo castellano.

Es mi último recuerdo. Ahora soy yo quien le recuerda. Recordar, lo dice la etimología, es «volver al corazón «. Vuelve Jesús a mi corazón recién renovado y recuerdo que desde que nos conocimos en 1980, de la mano de Juan Pedro Hernández Moltó, que fueron a buscarme al Colegio Universitario de Ciudad Real, nos «caímos» muy bien. Se estaba organizando en la Región «aquel PSOE». Yo valoraba su cultura literaria e histórica.

Desde diciembre de 1982, con ocasión de la victoria del PSOE, hasta mayo de 1983, cuando se celebraron las primeras elecciones autonómicas, fue presidente de Castilla-La Mancha. Jesús fue también secretario general del Partido en la Región, diputado, senador y muchas cosas más. Pero no quiero referirme ahora a su trayectoria política, siempre coherente y leal pese a los inevitables sinsabores ( es un eufemismo) que esta actividad recoge de adversarios y correligionarios. Le recuerdo, lo «vuelvo al corazón», como un toledano por los cuatro costados, de carne y hueso, no un «hombre de palo», no bebiendo de ningún «pozo amargo» de rencor, ni clavando «alfileritos» de amargura sino colaborando activa, felizmente ,en la vida social y cultural de la ciudad que tanto ha amado.

Compañero y paisano «Jesús», que tus «Fuentes» de buen hombre se desborden, fluyan con libertad hacia el Tajo y consigan que sus aguas vuelvan a ser las puras y cristalinas que cantó Garcilaso.

Cuando hablan las armas se callan las leyes (silent leges inter arma)

Por Antonio Marco;

Publicado en El Decano de Guadalajara el 12 de enero de 2026

En estos días son numerosos los ciudadanos que se sienten asombrados, estupefactos y algunos hasta abatidos por la flagrante vulneración del ‘derecho internacional’ que el Presidente ‘Emperador’ de Estados Unidos, Donald Trump, ha cometido al secuestrar violentamente en Venezuela a su Presidente, Nicolás Maduro, y trasladarlo esposado a Nueva York para someterlo a un preanunciado proceso judicial utilizando el enorme poder de su ejército. La acción por novelesca y cinematográfica que parezca hace volar por los aires el frágil edificio del mínimo derecho y mínimas normas que deben regir las relaciones y la convivencia de las naciones y de los habitantes de este mundo tan convulso y complicado.

Pero la historia nos enseña miles de ejemplos de violencia y guerras desde la Antigüedad como para que a estas alturas nos sorprendamos ingenuamente. El famoso político, orador y abogado romano Cicerón nos legó en su discurso ‘En favor de Milón’ una expresiva sentencia o máxima bien conocida desde la Antigüedad: silent leges inter arma, cuando hablan las armas las leyes guardan silencio. Así ha sido a lo largo de la Historia: en las guerras el único derecho es el ius belliel de guerra, el de la fuerza, porque la guerra se hace precisamente para imponerse por la fuerza y violencia de las armas. ¿Quién, siendo más débil, puede frenar la voluntad absoluta del vencedor más fuerte?

La Historia, también la Antigua, nos sirve para conocer los hechos pasados, su génesis y su evolución hasta nuestros días; nos sirve, pues, para aprovechar los elementos positivos de lo ocurrido y no repetir errores. Es la clásica concepción, también de Cicerón, de Historia magistra vitaela Historia maestra de la vida.

Pues bien, resulta tentador y en algunos casos hasta estimulante por evidente la comparación y semejanza del imperio norteamericano actual con el Imperio Romano antiguo y algunas características narcisistas y megalómanas del presidente Donald Trump resultan muy similares al comportamiento personalista, autoritario, errático y endiosado de algunos emperadores romanos.

El imperio romano creció en unos pocos siglos desde un poblado de pobres cabañas de barro y pajas hasta dominar un imperio que se extendía desde Escocia a los desiertos de Siria dominando las dos orillas del Mar Mediterráneo al que coherentemente llamaron Mare Nostrum, Nuestro Mar. La historia de ese imperio es una historia de guerra permanente en la que el sonido de las armas no dejó de oírse y los breves intervalos de paz se cuentan con los dedos de las manos. Si la historia oficial nos cuenta que al principio lo que obligó a los romanos a la guerra fue la defensa frente a sus vecinos agresivos y amenazantes, a partir del siglo III a. C. y hasta el V de C., ochocientos años pues, fue la ambición insaciable de riquezas para el bienestar del ‘pueblo romano’ y de la situación personal y familiar de los líderes guerreros de unas pocas familias que tradicionalmente dirigieron la política de Roma. Sirva como un simple ejemplo de los cientos posibles conocer la principal razón por la que Julio César se lanza a la conquista de la Galia al otro lado de los Alpes: robar la suficiente riqueza a los galos para poder hacer frente a sus multimillonarias deudas contraídas en Roma; fueron ocho años de rapiña sin límite y de cientos de miles, varios millones para algunos historiadores, de galos y germanos muertos y masacrados sin piedad. Roma lleva la violencia, la guerra y la rapiña a todos los rincones, por apartados que estuvieran, del mundo conocido a cientos y aun miles de kilómetros, como hoy hace el imperio norteamericano; en determinado momento Roma tiene más de cincuenta legiones a lo largo de los cientos de kilómetros de la frontera del Rin, del Danubio y de los desiertos de Asia, con medio millón de soldados, como hoy el imperio americano tiene no menos de setecientas bases militares repartidas por todo el planeta.

La política de expansión romana es muy simple conceptualmente: acuden allí donde hay algo valioso, oro, plata, cereales, lana, soldados, esclavos que son absolutamente necesarios para su sistema esclavista; proponen un tratado desproporcionado a los habitantes del lugar cuya aceptación supone ser dominados pero cuyo rechazo implica la aniquilación. Todo esto nos suena realmente moderno.

Las acciones guerreras casi siempre victoriosas, a veces con costes inconmensurables, deben ser conocidas por los ciudadanos en la capital, en Roma o en Nueva York, para su aceptación y disfrute. Hoy son sofisticados medios de comunicación audiovisual perfectamente manejados y manipulados los que informan al ciudadano de la metrópoli americana y del mundo entero. Hemos visto una y otra vez hasta la saciedad al presidente de Venezuela, maniatado, cojeando, humillado, subir y bajar de uno a otro vehículo por tierra, mar y aire hasta quedar recluido en una cárcel de Nueva York. En la antigua Roma los instrumentos y canales de información al ciudadano eran las inscripciones de las monedas que corren por todas las manos transmitiendo mensajes de pura propaganda y sobre todo la grandiosa ceremonia y desfile del ‘triunfo’, máximo premio para el general, el imperator, que había conseguido incontable y asombroso botín y había matado al menos a cinco mil enemigos, requisito este necesario.

En un recorrido de cuatro kilómetros por la capital del mundo desfilaban los soldados con su general endiosado, se mostraban centenares de carros y animales cargados con el botín, se mostraban carteles, dibujos y gráficos explicativos del país y de la guerra ganada y arrastraban sus pies encadenados los cientos de soldados enemigos vencidos y  esclavizados y los cientos de rehenes obtenidos; pero el plato fuerte era sin duda ver humillado y vencido al rey o caudillo enemigo como máxima expresión del poder romano.

Los historiadores y escritores romanos y griegos nos han dejado decenas de descripciones de este desfile triunfal. Uno de los más espectaculares es el que celebró uno de los varios triunfos de Julio César en su lucha, en concreto con el líder galo Vercingétorix, al que arrastra en su procesión. Nos lo cuenta Plutarco. El galo, siguiendo una fórmula ritual y tradición de su pueblo, al sentirse vencido por el romano se despojó de sus armas, sus adornos y sus brazaletes de oro y se postró ritualmente ante él vencedor en un gesto celta de sumisión. César lo exhibió encadenado en su triunfo para inmediatamente arrojarlo al Tullianum, la infame, sucia y fría prisión subterránea de Roma en donde vivió seis años y finalmente fue ejecutado. Cincuenta años antes el cónsul y general Mario llevó en su desfile encadenado a Yugurta, rey de Numidia, en África. Tras esta humillante exhibición, fue arrojado al Tullianum, donde murió de hambre seis días después sin que se le ofreciera ni pan ni agua. Yugurta había sido traicionado por su aliado, el rey mauritano Boccho, y entregado al procónsul romano Sila, pero el triunfo era del jefe del ejército, del cónsul Mario. Por supuesto se aplica también lo que luego expresa la máxima latina, esta no romana sino posterior propia del common law anglosajón«male captus, bene tenetur», que significa «mal capturado, bien retenido» y que no se para a considerar si la detención es ilegal, doctrina igual a la llamada Ker-Frisbie emitida por la Corte Suprema de EE.UU en 1866. Esto nos lo cuenta Salustio. En algunos casos el poderoso romano podía mostrarse más generoso y perdonarle la vida al enemigo que no hizo sino defenderse de una agresión imperialista. Claro está, para el romano todos los extranjeros eran bárbaros, inferiores, despreciables; probablemente tenían en su mente la idea de que Roma, la Urbe, y el mundo, el Orbe, son exclusivamente para los romanos, como hoy para algunos ciudadanos del imperio América es solo para los americanos. Son muchas las semejanzas de aquellos tiempos con estos nuestros, que creíamos más civilizados.

En esos momentos de violencia guerrera no deja de ser un deseo bienintencionado el que otra máxima romana también de Cicerón nos expresa: cedant arma togaeque las armas se supediten al derecho, intentando exaltar la primacía del poder civil frente al militar, como cuando ahora piden los líderes mundiales asustados y sin capacidad de acción que cese la violencia y sea el diálogo y la diplomacia la que suavice la tensión y acabe con la guerra. Una y otra vez nos enseña la historia que toda guerra acaba con un vencedor, el más fuerte, que inmediatamente se cobrará con creces todo lo sufrido por su parte e impondrá su voluntad.

Nos parecía que en los últimos tiempos, de manera especial en el siglo XX en que la humanidad sufrió el terrible desgaste de dos guerras mundiales, con millones de muertos, millones de heridos y lisiados para toda la vida, y millones de personas sufriendo pobreza y miseria sin límite, la convivencia de los diversos pueblos se encaminaba por caminos más civilizados. Desde antiguo también, pero sobre todo a partir del siglo XVI, se va generando la teoría jurídica que justifica la necesidad de un derecho internacional. Es un proceso lento que se acelera a partir del desastre de la Primera Guerra Mundial con la creación de La Sociedad de las Naciones como respuesta a los horrores de la Primera Guerra Mundial (40 millones entre muertos y heridos). Esta Sociedad de Naciones fue incapaz de evitar la Segunda Guerra Mundial, ahora con entre 70 y 85 millones de muertos. Ahora se crea la ONU  como sucesora de la fallida Sociedad de Naciones, con el propósito principal de prevenir guerras futuras y promover la paz global y con ella instituciones de Derecho Internacional. Toda esta construcción esperanzadora que hasta hoy ha venido funcionando, aunque renqueando y de manera imperfecta e insuficiente está ahora puesta en cuestión y en dificultades por la falta de colaboración y hasta la oposición directa del Gobierno norteamericano liderado por Donald Trump. La desesperanza y preocupación se extiende como una nube negra por todo el planeta.

Hay algunos historiadores y estudiosos que consideran que los primeros creadores de un incipiente Derecho Internacional fueron los romanos con su Ius GentiuumDerecho de Gentes, y la creación del praetor peregrinus encargado de organizar las relaciones jurídicas del ciudadano romano con los muchos extranjeros con los que entran en contacto en Roma y fuera de Roma. Realmente no es así. Hay que conocer previamente que el Derecho Romano es sencillamente el Derecho que amparaba exclusivamente a los ciudadanos romanos, durante mucho tiempo una minoría en el Imperio. En esa sociedad del momento las relaciones existentes con las personas y naciones extranjeras son parte esencial que necesita regulación.

Si escuchamos los razonamientos de los pensadores antiguos que intentan fundamentar ese derecho que ampare a los extranjeros, podemos caer en un error: piensan algunos que ese derecho que ha de ser universal ha de existir por la igualdad de naturaleza de todos los hombres, pero cuando pasan de la teoría filosófica a la práctica jurídica, lo único que ese ius Gentium cuida y atiende son las relaciones privadas administrativas, comerciales y económicas entre ciudadanos romanos y extranjeros que han de ser garantizadas para que el romano extienda sus negocios por todo el mundo, pero siguen negando los derechos, que hoy llamaríamos humanos, al resto de habitantes. Y esto que parece tan antiguo nos vuelve a presentar su cara de absoluta modernidad en la práctica norteamericana. El derecho del imperio, el romano como el americano es solo de los ciudadanos romanos o americanos, pero necesita otro pragmático, expeditivo y fácil sin muchas complicaciones que dé cobertura a las necesarias transacciones y operaciones comerciales que permitan seguir negociando porque sin esas garantías mínimas tendrá difícil extender sus negocios. La consideración de la igualdad natural de todos los hombres es un obstáculo innecesario si lo que se busca es el bien particular exclusivo de un pueblo.

Y eso es lo que revela la acción del secuestro del presidente de Venezuela por la fuerza americana: se le detiene y se le juzga porque han de imponerse los derechos del ciudadano americano pero hay que mantener el que podemos llamar ius Gentium oeconomicum que  garantiza el petróleo, las tierras raras o lo que sea, derecho que como son los  poderosos lo interpretan y aplican como les interesa y si el bárbaro extranjero no lo acepta y colabora, el futuro será mucho peor, en algunos casos la aniquilación.

En conclusión, es seguro que el presidente Trump no conoce ni la historia de Roma ni el derecho romano ni el antiguo ius gentium, aunque muchos de sus colaboradores directos sin duda tienen el suficiente conocimiento adquirido en las universidades más prestigiosas del planeta. Pero Trump sí sabe que uno es el derecho y los derechos que ha de aplicar a los americanos y otro puramente comercial y pragmático que ha de aplicar a los venezolanos y a quién se ponga en medio, incluso de la amiga Europa, Groenlandia está en el punto de mira. Trump, sin saberlo, ha recuperado la doctrina de los antiguos romanos y ha revivido el antiguo ius Gentium. América para los americanos, pero el resto del mundo también.

Si alguien creía que la época de los imperialismos había acabado, estaba muy equivocado; no conocía o no era consciente de la presencia y ocupación militar y económica de Norteamérica en todo el mundo, más de doscientas bases o instalaciones militares solo en Europa, más de quinientas en el resto, ni creía que fuera posible la aparición de un dirigente megalómano y narcisista como líder de una casta de plutócratas engreídos cuyo objetivo es el poder absoluto.

Se anuncian malos tiempos, sin duda, pero es tan enorme la destrucción que estos plutócratas han iniciado y tal el miedo que infunden al planeta que probablemente han sembrado también el germen de la reacción de los demócratas. Así que es el momento de gritar de nuevo  «cedant arma togaeque las armas se supediten al derecho» y actuar en consecuencia hasta imponer el dominio de la razón.

(La imagen que ilustra esta entrada ha sido generada con herramientas de IA)

Dike, la Justicia, y Montesquieu huyeron desesperados al cielo

Por Antonio Marco

Publicado el 10 de diciembre de 2025 en el Decano de Guadalajara

Es un lugar común en muchas culturas que la vida del hombre sobre la Tierra comenzó en una época de felicidad y absoluta placidez, luego interrumpida por su amoral comportamiento, que desde entonces no ha cesado de ir a peor. Estas creaciones no son sólo literarias, sino que forman parte de las ideas del imaginario cultural general. Se corresponden con el mito bíblico del’“paraíso terrenal’ de origen sin duda mesopotámico, del de la ‘islas de los afortunados’, el del ‘buen salvaje’, el que ha inspirado las muchas ‘utopías’ que han ido apareciendo o los diversos proyectos de legislación y constituciones de las polis, de las ciudades o sociedades democráticas. La Antigüedad grecolatina lo expresó bellamente con el mito de ‘las edades del hombre’, desde la primera de oro y felicidad hasta la nuestra de duro y fiero hierro si no de barro envenenado. Hesiodo, Arato, Virgilio, Tibulo, Horacio, Ovidio, todos ellos lo cuentan con alguna variación, algunos hablan de edades y otros de razas, pero el fondo de la cuestión es el mismo, el deterioro de la justicia en la sociedad y con ello de la felicidad del hombre sobre la tierra.

En la mitología griega Dike es la diosa y personificación de la justicia, representada a veces con una balanza y una espada, que vigila y guía a los hombres por el camino de la rectitud.

A riesgo de parecer este un artículo para eruditos, permítanme que cite textualmente a Arato de Solos que vivió entre los años 310 y 240 a.C., autor del famoso poema didáctico astronómico ‘Fenómenos’, uno de los libros más difundidos y traducidos en la Antigüedad, en el que nos explica los catasterismos o conversión o transformación de dioses, seres heroicos, hechos mitológicos, e incluso principios éticos más tarde, en astros, en cuerpos celestes del firmamento, en estrellas o conjuntos de estrellas, en constelaciones. En los versos  96-136 nos describe la constelación de la Virgen, que es la Justicia, que habitó entre los hombres en los tiempos honrosos y escapó al cielo a la vista de las maldades de los hombres, que no dejaban de ser progresivas. Nos dice Arato:

«Bajo los pies del Boyero (una constelación) puedes observar a la Virgen (la constelación de Virgo del zodiaco), que sostiene en la mano una espiga floreciente. … antes vivía en la tierra y venía abiertamente a presencia de los hombres, y no desdeñaba la compañía de los antiguos, hombres o mujeres; antes bien, se sentaba mezclándose con ellos aunque era inmortal. Y la llamaban Justicia: pues congregando a los ancianos en una plaza o en una calle espaciosa, los exhortaba a votar leyes favorables al pueblo. Entonces los hombres todavía no sabían de la funesta discordia, ni de las censurables disputas, ni del tumulto del combate; vivían sencillamente».

Naturalmente esto ocurría en la edad de oro; luego con la edad de plata empeora la relación aunque todavía se mantiene en parte, con la de bronce, material con el que los hombres fueron «los primeros que forjaron las espadas criminales propias de asaltantes de caminos…»,  «la Justicia sintió aversión por el linaje de aquellos hombres y voló hacia el cielo». Arato no imaginó na edad peor que la del bronce pero otros poetas conocieron después ‘la edad de hierro’, todavía más dura y violenta y recientemente nos vemos obligados a temer otra todavía peor, la de las armas de destrucción masiva, la de los misiles nucleares.

En resumen, la Justicia huyó al cielo asqueada de las maldades de los hombres. Solo en contadas ocasiones baja a la tierra a dar nuevos ánimos a las buenas personas que de vez en cuando aparecen y se atreven a levantar la cabeza. Así fue por ejemplo cuando nuestros maestros los griegos de Atenas, a los que tanto debemos, inventaron la democracia. Como duró poco, la Justicia huyó de nuevo a los cielos. Desde entonces ha vuelto en contadas ocasiones.

A nuestro país, a España, regresó sin duda cuando hace 50 años murió el dictador Franco y hace 47 los ciudadanos aprobaron unas normas y leyes que proclamaban derechos, libertades, justicia y bienestar para todos. Pero desde entonces algunas cosas han ido empeorando y no hace tanto voló de nuevo al cielo y esta vez no lo hizo sola. Algunos hombres, especialmente algunos europeos como el francés Montesquieu, que vivió de1689 a 1755, habían pensado que dado que la sociedad de los hombres es muy compleja, si unos fueran los que hacen las leyes, otros los que gobiernan de acuerdo con ellas y otros los que corrigen a los ciudadanos que no las cumplen, ninguno tendría todo el poder, se equilibrarían unos con otros y todos viviríamos en paz y más felices. Desde entonces algunas naciones y algunos hombres han trabajado para mantener ese reparto del poder que los juristas etiquetan como legislativo, ejecutivo y judicial. Si se respeta el reparto suele darse una época de tranquilidad, de buen gobierno, de bonanza mejor repartida; si alguno de los poderes y su grupo ocupa espacios que no le corresponden, surgen los problemas, los abusos de unos u otros, las disensiones, las confrontaciones y los enfrentamientos, que en el peor de los casos ahora ya no son con armas de bronce o de hierro sino con armas mucho más poderosas, con misiles explosivos muy destructivos e incluso con bombas nucleares con capacidad para borrar a la humanidad de la faz de la tierra. Cada día es más difícil, pues, que la Justicia vuelva a habitar entre nosotros.

Incluso sin llegar a esos momentos de extrema gravedad, esta Justicia, la Virgen Dike como la llamaban nuestros queridos griegos, en su último viaje a nuestro país se ha sentido muy molesta y afectada. Aquí se encontró circunstancialmente, digamos que en Madrid pero podría haber sido en cualquier otro sitio, con Montesquieu, que vino una vez más y no pierde ocasión de explicar su teoría a los ciudadanos. Observaron juntos y  desolados cómo en muchas ocasiones en los últimos años el poder ejecutivo intenta controlar absolutamente al legislativo e influir en el judicial y su composición, cómo el legislativo fuerza la aritmética de los votos parlamentarios con sumas de difícil explicación y amparado en su impunidad critica más allá de lo razonable a los otros dos, cómo el legislativo, que debía ser absolutamente independiente y sacrosanto, se manifiesta públicamene, revestido de sus togas, medallas e ínfulas, contra el mero anuncio de posibles leyes todavía inexistentes que no son del agrado de unos cuantos, o fabrica procedimientos burocrático-judiciales de nula o endeble justificación contra detentadores del poder ejecutivo que no les agradan, (todavía no se ha atrevido a hacerlo directamente con el legislativo), o hacen públicas condenas de autoridades esenciales sin hacer pública el resto de la sentencia que justifica la condena. En la fecha en que escribo este artículo han pasado más de 17 días desde que el Tribunal Supremo condenó al Fiscal General del Estado sin que nos hayan contado al resto de ciudadanos por qué y cuáles son las causas evidentes de su delito, lo que desde luego es una clara ‘anomalía’ por ser suaves en el calificativo, porque si le diera su sentido etimológico primitivo sería una ‘ilegalidad’, porque el término griego ‘nomos’ significa precisamente ‘ley’.

Dike y Montesquieu coinciden en que las cosas no van bien y que es muy difícil vivir entre nosotros, así que han decidido de común acuerdo volar de nuevo al cielo, no sin antes dar buenos consejos a los ciudadanos para que cambien las cosas a mejor y puedan retornar alguna vez. Es cierto que algunos, muchos ciudadanos, les escuchan con esperanza porque saben que la mayoría de hombres justos podría tener la solución con su participación democrática en las sucesivas elecciones que todavía se mantienen, pero ven también con desesperación que irresponsables ejecutivos, legislativos y judiciales malean cuanto pueden la información con lo que hoy en el lenguaje del imperio se llama fake news y que en nuestro español claro y simple son  peligrosas mentiras.

No piensen los lectores que reparto por igual las culpas entre los injustos actores de los tres poderes. Como nos enseñó el filósofo griego más famoso, Platón, «la más alta injusticia consiste en parecer justo sin serlo» (La República, 361a). Todos debemos ser justos, claro está. Tal vez estaría Platón pensando en los jueces, que revestidos de sus togas, collares y medallas, en algunos países de llamativas e incomprensibles pelucas, impresionan en su apariencia y de los que no nos podemos permitir dudar ni suponerles ninguna debilidad. Sin duda son los ciudadanos más injustos los jueces que parecen justos sin serlo. ¿Cuántos son así? Ojalá sean pocos, aunque su capacidad de influir sea mucha.Todavía quedan ingenuos, tal vez yo sea uno de ellos, que creen que las cosas pueden mejorar. Precisamente escribo estas líneas al día siguiente de conmemorarse y celebrarse cuarenta y siete años de la aprobación de nuestra Constitución, la más larga y mejor de nuestra historia, la que acabó con el poder del gobernante dictador porque sanciona que el poder está en el pueblo  y en nadie más.

Las dos Españas le helaron el corazón

Por José María Barreda

Publicado en El País el 6 de diciembre de 2025

La historia de José Castillejo es la historia de aquellos que defienden la moderación y la democracia en tiempos de polarización totalitaria

Hace ochenta años murió en Londres José Castillejo. Alumno predilecto de Francisco Giner de los Ríos, fue clave en la Junta de Ampliación de Estudios (JAE) de la que fue secretario desde 1907 a 1934. También tuvo un papel destacado en la célebre Residencia de Estudiantes y en el conjunto de la Institución Libre de Enseñanza (ILE).

Reformista liberal, confiaba utópicamente en el poder transformador de la educación. Ramón Carande le llamó “el último vástago de la Ilustración”. Cuando estalló la guerra y desapareció toda posibilidad de un poder moderado, limitado por la ley, quedó desamparado, pues ninguno de los dos bandos le reconocía de los suyos. De hecho, por utilizar la terminología unamuniana, le quisieron matar los hunos y los hotros.

En el torbellino de adhesiones inquebrantables a la revolución o a la santa intransigencia, quienes no comulgaban con las ruedas de molino de ninguna facción eran empujados a la hoguera, como el Dios del Apocalipsis arrojaba a los tibios de su boca.

Aunque Castillejo siempre se mantuvo en un discreto segundo plano, según Ramón y Cajal, Cossío, Jiménez Fraud y demás nombres conocidos de la ILE, ni la Junta ni la Residencia de Estudiantes hubieran podido funcionar sin su eficaz administración y su capacidad negociadora.

Este discreto anonimato no fue óbice para que en 1938 Joaquín de Entrambasaguas le llamara “forajido” en un libro publicado por la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda de FET y de las JONS. Al año siguiente, Enrique Suñer, presidente del Tribunal Nacional de Responsabilidades Políticas, le calificó como “el hombre más funesto nacido en España”. Ambos le acusaban de ser, como miembro destacado de la ILE, “el origen de la catástrofe actual” (se refieren a la guerra) y “responsable de esta serie de espeluznantes dramas” generados por los “llamados a sí mismos, pedantescamente, intelectuales”.

Por supuesto, si no se hubiera marchado de España, los vencedores de la guerra le hubieran fusilado sin titubear. Como estuvo a punto de sucederle en 1936, en esa ocasión por las armas de milicianos de la federación de enseñanza de la UGT.

El 18 de julio, Castillejo estaba en Ginebra y volvió a Madrid para ponerse a disposición del Gobierno republicano. Para entonces, como escribió más tarde, “la débil sombra del Gobierno, que había sobrevivido a la dura prueba de los cinco meses precedentes, ya se había esfumado”. Se refería al “fuego cruzado de la primavera del 36”, por utilizar un título de Fernando del Rey. Una vez que estalló la guerra, el Gobierno, como le dijo el ministro de Instrucción Pública, dejó de controlar la situación.

Al llegar a Madrid le informaron de que su nombre figuraba en una lista de “fusilables” publicada por el diario caballerista Claridad. Cuando Castillejo se encomendó al ministro de Instrucción Pública, Francisco Barnés, militante de UGT y ex colaborador del Instituto-Escuela, este le confesó su impotencia para garantizarle la vida y le recomendó que saliera de España enseguida pues “no quiero su muerte en mi conciencia”.

Antes de que pudiera salir del país, se presentaron en su casa cuatro hombres armados con la intención de darle “el paseo”. Se trataba de profesores, conocidos suyos, convertidos en justicieros revolucionarios. Felizmente, la intervención de Barnés y de Ramón Menéndez Pidal evitó su ejecución.

Esos días de tensión y miedo dejaron huella. Cuando por fin llegó a Londres, su mujer encontró “un hombre viejo, de hombros encorvados y ojos atemorizados”, que solo pudo decir: “Quisieron matarme”. En su libro de memorias, Respaldada por el viento, su viuda, Irene Claremont, escribió que después de aquella experiencia nunca recuperó su vitalidad.

¿Pero quién era José Castillejo para suscitar tanto odio de tirios y troyanos?

Un pacífico catedrático de Derecho Romano fascinado por la educación inglesa hasta casi la caricatura. Un pedagogo reformista que soñaba con modernizar España mejorando y expandiendo una buena educación por todo el país, preparando una minoría selecta que, desde la Institución Libre de Enseñanza, mejoraría la ciencia y llevaría buenos profesores por toda la geografía nacional. Un regeneracionista bien intencionado, embarcado en una “misión pedagógica” permanente.

Castillejo, como Ortega —“España es el problema, Europa la solución”— consideraba de vital importancia las pensiones en el extranjero para que el espíritu y la perspectiva de los jóvenes se ensanchara y, en palabras de Antonio Machado, dejaran de despreciar cuanto ignoraban, provocando, como recogían los objetivos de la Junta, “una corriente de comunicación científica y pedagógica con el extranjero”.

Pero los guardianes de las esencias, como en tiempos de Felipe II, veían con temor la contaminación de las ideas que circulaban más allá de los Pirineos. Enrique Suñer, el gran depurador, describió en 1940 a la ILE como Una poderosa fuerza secreta y lamentaba que “conforme aumentaba el volumen de becarios y de los pensionados, crecía el de los indiferentes en materia religiosa y el de los perturbadores del orden y del Estado”.

En definitiva, los fascistas reprochaban a Castillejo ser un agente “descatolizador” y un elemento contaminante de su idea de patria, germen de la revolución.

Los socialistas, por su lado, le consideraban un burgués elitista, un reformista contrario a subvertir el orden violentamente. En efecto, Castillejo, como Giner, abominaba de la revolución y consideraba que era consecuencia de la impotencia del diálogo, de la moderación y la tolerancia; en definitiva, un fracaso de la democracia.

Para Castillejo, la evolución de la política española y el contexto internacional hicieron que la democracia liberal fracasara. Según él, la polarización extrema explica por qué “millones de españoles lucharon contra el comunismo, aunque solo una pequeña minoría de entre ellos fueran fascistas, y por qué otros tantos lucharon contra el fascismo, aunque solo unos pocos de ellos fueran realmente comunistas”.

Tras la proclamación de la República mantuvo una postura crítica en sus colaboraciones en El Sol que, aunque eran constructivas, le granjearon la animadversión de los fanáticos. Castillejo fue coherente con el papel que atribuía a los intelectuales en una democracia: “Controlar las pasiones públicas, rectificar los dogmas de partido, apoyar con la discusión libre y la diversidad de ideas y oponer la verdad innegociable a la propaganda tendenciosa, pero solo pueden hacerlo si no están al servicio de un grupo y no tienen que halagar a los electores o a los líderes”.

Ejercer su libertad le costó la incomprensión, y la animadversión, de unos y otros. En 1936 quisieron fusilarle los milicianos y en 1939 lo hubieran hecho los franquistas si no llega a exiliarse.

En su ensayo Democracias destronadas, observando cómo en los años treinta las democracias se hundían, escribió que, cuando la república democrática se derrumbó, España libró una guerra civil entre las dos alternativas que se le ofrecían: “Medio país pensaba que el gran enemigo de la libertad era el comunismo, mientras que la otra mitad creía que era el fascismo”.

En la posguerra —esa situación incierta que no es equivalente a la paz— vencedores y vencidos le condenaron a una especie de damnatio memoriae. Los primeros por verdadera persecución ideológica, los segundos sencillamente porque no había militado en sus filas y osó ser crítico.

En el esfuerzo por recuperar la memoria democrática, es importante rescatar figuras como la de Castillejo, uno de los “españolitos” en los que se cumplió la profecía de Machado, pues forma parte de la pedagogía necesaria de la tolerancia y la libertad.

Castillejo recordó que el término “liberal” fue inventado en España a comienzos del siglo XIX definiéndose por oposición a su antónimo: “Servil”. Lo que él nunca fue.

Bellido reivindica el trabajo de “los intelectuales que han contado la historia reciente de nuestro país frente a las miradas revisionistas y manipuladoras”

Publicado en la web de las Cortes de Castilla-La Mancha el 17 de noviembre de 2025

El presidente de las Cortes Regionales, Pablo Bellido, ha entregado este lunes un premio de la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades de Castilla-La Mancha al periodista y escritor seguntino José Esteban, una ocasión que ha aprovechado para reivindicar la labor de “los intelectuales y cronistas que han contado la historia reciente de nuestro país, frente a las miradas revisionistas y manipuladoras” que contribuyen a deformar el pasado reciente.

“Este homenaje de la Academia a Esteban es muy merecido porque reconoce a una persona que ha tenido una producción muy interesante y una gran aportación a nuestra sociedad desde los años de la posguerra, asumiendo riesgos personales en la dictadura, hasta hace muy poco”, ha subrayado Bellido en referencia a la obra del galardonado por la Academia.

“Es un ejercicio de justicia y de fortalecimiento de la democracia que ratifiquemos y valoremos el trabajo y el sacrificio de estos intelectuales”, ha asegurado el presidente de las Cortes Regionales, porque “nos evitaría caer en planteamientos muy equivocados” que alimentan dos corrientes opuestas entre sí, pero que también atacan los fundamentos de nuestro sistema: “unos añoran el tiempo pasado del Franquismo, bien porque vivían mejor que el resto, bien porque no lo conocen bien y beben de fuentes muy contaminadas; y otros reniegan del trabajo de la Transición, que aunque como todo pudo ser mejorable, desde luego resulta un ejemplo en el modo en que la izquierda cedió pero hizo a su vez posible la llegada de la democracia”.

El acto clausurado por Bellido en el Centro San José de Guadalajara ha contado también con las intervenciones del presidente y del vicepresidente de la Academia, el exrector Luis Arroyo y el expresidente de las Cortes regionales Antonio Marco, así como de Alfonso González-Calero, quien ha leído una ‘laudatio’ trazada junto con Isidro Sánchez, su compañero de la sección cultural de la Academia, entidad que nació hace apenas tres años.

GALERIA DE IMÁGENES

Cuenca ha perdido muchísimo patrimonio en toda su historia

Por C. Moral. Publicado en La Tribuna de Cuenca el 25 de noviembre de 2025.

El historiador del Arte, Pedro Miguel Ibáñez, recibió ayer en Cuenca el Premio a la Labor Investigadora de la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades de Castilla-La Mancha.

Desde muy niño, Pedro Miguel Ibáñez sentía que el arte lo acompañaba. Salía del colegio Ramón y Cajal, junto al parque de San Julián, y con ocho o nueve años se detenía ante el escaparate del kiosco del Niño, donde permanecía «absorto», embelesado por la caja de acuarelas que allí veía. Su gran frustración, confiesa a La Tribuna, fue no haber podido dedicarse a la pintura, pero aquel impulso temprano dejó una huella que nunca desapareció y que dio origen a una vocación que lleva consigo «desde muy, muy niño».

Ibáñez recibió ayer el Premio a la Labor Investigadora de la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades de Castilla-La Mancha, un reconocimiento especialmente valioso que confirma que su obra encuentra eco en una institución compuesta por profesores universitarios y especialistas de alto nivel. «No se trata de una actividad visible ni frecuente en los medios. Saber que esa labor recibe atención pública es profundamente reconfortante», admite el premiado.

Trayectoria. Al echar la vista atrás y reflexionar sobre sus 40 años de trabajo, se da cuenta de que cada uno de sus proyectos, desde los libros hasta los artículos en revistas especializadas o las colaboraciones en volúmenes colectivos, forma parte de una biografía paralela. A lo largo de su carrera, ha publicado alrededor de 160 títulos. Sin embargo, para él lo importante no es la cantidad, sino la calidad de su trabajo. Pedro Miguel Ibáñez no duda en señalar las graves pérdidas que ha sufrido el patrimonio conquense a lo largo de los siglos. «Cuenca ha perdido muchísimo», afirma. Uno de los ejemplos más lamentables es, a su juicio, la destrucción del puente de San Pablo, un icono de la ciudad que, tras sufrir daños en algunos de sus arcos, fue finalmente dinamitado. Esta decisión, según Ibáñez, fue un «disparate». También recuerda con pesar la demolición de una de las fachadas gótico-barrocas de la Catedral y subraya que estos episodios dejaron una huella profunda. Ibáñez recuerda la importancia de preservar lo que queda para el futuro.

 

REVIVE EL EVENTO: LA INTERNACIONALIZACIÓN DEL SECTOR AGROALIMENTARIO EN CASTILLA LA MANCHA

El pasado 1 de abril de 2025, en el Teatrillo de San Pedro Mártir de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de Toledo (UCLM), tuvo lugar el evento “La internacionalización del sector agroalimentario en Castilla-La Mancha: nuevos retos y oportunidades”, organizado por la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades de Castilla-La Mancha.

Hoy tenemos el placer de compartir contigo los vídeos de las distintas ponencias y mesas redondas para que puedas revivir las ideas, reflexiones y propuestas que se debatieron en esa jornada.

Programa del evento

El evento abordó temas de gran relevancia para el sector agroalimentario de la región, con un programa diverso que incluyó:

  • Inauguración institucional
    Intervenciones de Juan Ignacio de Mesa Ruiz (Vicepresidente de la Academia), Rosario Gandoy Juste (Presidenta de la sección de economía), Alberto Sanz Díaz-Palacios (Decano de la Facultad) y Fátima Guadamillas Gómez (Directora académica).

  • “Los efectos de la situación geopolítica actual sobre el sector agroalimentario”
    A cargo de Pedro Morejón, Director del ICEX de Castilla-La Mancha.

  • Mesa de experiencias empresariales: retos y oportunidades
    Con representantes de empresas y organizaciones del sector:

    • Ester Pinuaga (Bodegas Pinuaga)

    • Rubén España (Embutidos España)

    • Azucena Cuesta (De Raza Ibérica)

    • Nieves Caro Ramos (Responsable de Promoción de Alimentos, IPEX)
      Moderada por Fátima Guadamillas Gómez.

    • https://youtu.be/ers_j-_lBRE
  • Estrategias para atraer y retener talento en el ámbito de la internacionalización
    Participaron Amarildo Zane (UCLM), Fernando Campoy (Cervezas Domus), Fernando Lallana (consultor en RRHH), Conchi Villegas y Naira Santos (IPEX). Moderadora: Fátima Guadamillas.

PREMIO DE LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE EXPERTOS CIENTÍFICOS EN TURISMO (AECIT) A LA TRAYECTORIA ACADÉMICA EN TURISMO DE AGUEDA ESTEBAN TALAYA

Nuestra compañera académica de la Sección de Economía y Empresa, Águeda Estaban Talaya, ha recibido el Premio a la trayectoria académica en Turismo, concedido por la Asociación Española de Expertos Científicos en Turismo (AECIT).  El premio se entregó durante la celebración del XXIV congreso de AECIT, celebrado los días 25 y 26 de septiembre de 2025, en Palma de Mallorca, en el seno de la Universitat de les Illes Balears (UIB). AECIT es una entidad que agrupa a investigadores, académicos y profesionales del ámbito del turismo en España. Su principal objetivo es fomentar el desarrollo y la difusión del conocimiento científico en el sector turístico, promoviendo la investigación, la innovación y la transferencia de conocimiento entre la academia, las empresas y las administraciones públicas.

En la imagen, entrega del premio por Marga Prohens, presidenta del Govern de les Illes Balears.

Francisco García Martín y Antonio Casado Poyales: dos historiadores comprometidos

Por Alfonso González-Calero e Isidoro Sánchez Sánchez

Publicado en ABC Toledo el 26 de agosto de 2025

Tanto Francisco García Martín (Villacañas, 1959), como Antonio Casado Poyales (Toledo 1968), fueron, además de sus respectivas profesiones y capacidades, dos personas comprometidas con su ciudad, con su territorio, y con la Historia y el progreso de ambos.

Y lo fueron no sólo con sus opiniones, con sus aportaciones, sino con su militancia activa en cuantas causas entendieron justas para la mejora de Toledo, de la ciudad, de la provincia y aún de la Región y del mundo.

Francisco García Martín colaboraba desde hacía mucho tiempo a la difusión del patrimonio histórico-artístico toledano y a la denuncia de cualquier agresión o desprecio al mismo; lo hacía con su nombre o con el seudónimo de ‘Epicaris’ desde diversos medios, de manera siempre rigurosa y argumentada, nunca gratuita.

Además de ello era miembro de la Asociación Museo de Santa Cruz vivo, (y de su junta directiva) y de la que más recientemente se constituyó para investigar y defender la pervivencia de los conventos (Amigos de los conventos de Toledo). Fue miembro, al igual que Antonio Casado, de la RABACHT.

Pertenecía igualmente al Consejo de Participación del Casco Histórico, y al grupo Toledo. Sociedad, Patrimonio y Cultura

En otro orden de cosas era miembro activo de Amnistía Internacional y en tiempos anteriores había sido integrante comprometido de la Coordinadora de ongs por el desarrollo y de la campaña para lograr la aportación del 0,7% del PIB a la cooperación internacional con los países más pobres.

Antonio Casado Poyales, por su parte, además de pertenecer, como decía antes, a la RABACHT, de la que había sido recientemente elegido secretario, fue durante mucho tiempo miembro activo de la Asociación Profesional de Archiveros, Bibliotecarios, Arqueólogos, Museólogos y Documentalistas (ANABAD) de Castilla-La Mancha, de la que fue presidente y secretario regional.

Pertenecía asimismo a la Cofradía Internacional de Investigadores, a la Sociedad Toledana de Estudios Heráldicos y Genealógicos y era integrante de la asociación cultural Urbs Regia.

También era miembro del Ateneo de Toledo, y de la Asociación de Usuarios del Tren de Toledo, y como tal intervino activamente en los posicionamientos de ésta con respecto a las posibles opciones del nuevo trazado y la nueva estación del AVE. Antonio pertenecía también a la Plataforma por Toledo, en la cual moderaba el grupo denominado ‘En defensa del patrimonio histórico, artístico y natural de Toledo’.

Como vemos, ambos no se limitaban a sus trabajos de investigación, con ser estos cuantiosos e importantes, sino que estaban muy directamente implicados en los debates sobre el presente y el futuro de la ciudad. Creo que ello, unido a sus cualidades humanas, les hacía ser queridos y reconocidos por multitud de personas. Descansen ambos, Paco y Antonio, en paz. Y quede el consuelo para sus familias de que sus vidas fueron útiles y fructíferas. Esperemos que su recuerdo nos ayude a mejorar.

Entrevista a Eduardo Sánchez Butragueño: «Me gustaría una Real Academia útil y participativa»

Publicado en La Tribuna de Toledo el 21 de julio de 2025

Eduardo Sánchez Butragueño lleva algo más de una semana como director de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo (Rabacht), institución en la que ingresó hace ocho años. Además, tras dejar el cargo de gerente de la Real Fundación Toledo, acaba de aceptar el puesto de coordinador del área de Cultura en el Ayuntamiento de Toledo. Con un buen reto por delante, Sánchez Butragueño se sienta con La Tribuna en una entrevista que afronta con una doble condición, como director de la Rabacht y como conocedor y amante de la ciudad.

Acaba de ser nombrado director de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas (Rabacht). ¿Cómo asume este compromiso?

Me lo tomo como una mezcla entre honor y responsabilidad. Si me lo dicen hace diez años no me lo hubiera imaginado, tampoco siquiera estar en la Real Academia. Lo asumo como una gran responsabilidad y espero estar a la altura, no solo de la institución, también de lo que merece Toledo y su provincia.

¿Qué línea de trabajo se ha marcado para los próximos años?

Me gustaría una academia que fuera capaz de seguir siendo útil, adaptada a los tiempos, horizontal y participativa. También me gustaría que no tuviera miedo a evolucionar. La sociedad cambia muy rápido y esta institución nació en una época muy distinta, en 1916, y antes las décadas pasaban y los cambios no eran tan vertiginosos como son hoy en día.

Además, las perspectivas de la gestión cultural cambian mucho y también lo hacen los intereses de la gente en el terreno patrimonial y cultural porque la sociedad ha cambiado bastante. Por eso, las instituciones tan antiguas, si queremos estar vivas, adaptadas y ser útiles, tenemos que hacer un esfuerzo de adaptación y no tener miedo al cambio.

Lleva ocho años vinculado a la Real Academia y le habrá dado tiempo a conocerla por dentro. ¿Cómo anda de salud la institución?

La Academia es una institución que en los últimos años ha hecho un esfuerzo de adaptación y esa es la línea que tiene que seguir. La salud es buena porque tiene gente muy válida que mezcla de manera bastante armoniosa experiencia en distintos campos del saber y de las artes.

Además somos un equipo de gente que trabajamos de manera altruista por un bien común, Toledo y su provincia, y eso es un tesoro que muchas provincias y ciudades desean tener y no tienen, con lo que hay que ser conscientes de cuidarlo, potenciarlo, aprovecharlo y darle la mayor de las utilidades.

La Rabacht es una institución con bastante peso en la ciudad. ¿Cree que es suficientemente respetada?

Sí. La Real Academia, en base a un bagaje de más de un siglo, ha conseguido que su voz sea respetada, tenida en cuenta y ha aportado muchas cosas. A veces, promoviendo actividades divulgativas o cualquier tipo de conmemoración, o poniendo el foco en cosas que se estaban haciendo regular y tenían que hacerse de otra manera o no hacerse.

En este sentido, ha sido un siglo de utilidad, de simbiosis entre lo que es la institución y la ciudad. Cuando la Rabacht nació en Toledo no se tenía el cuidado del patrimonio que se tiene hoy en día. En la prensa cada dos por tres salían noticias de expolios, salidas de obras de arte de la ciudad, derribos, y pérdida de los valores que históricamente habían hecho de Toledo una ciudad y una provincia especiales. La Real Academia llegó para frenar eso y lo consiguió, así que mucho del patrimonio que disfrutamos también económicamente se debe al esfuerzo de aquellas personas de las que hoy somos herederos.

Cuando se estrena cargo en una institución se suele decir que toca pedir a las instituciones y a las administraciones. ¿Qué se puede pedir?

Que tengan sensibilidad, y recuerden, aunque creo que es algo que tienen todas en la cabeza, que trabajamos en una ciudad y en una provincia que no son lugares cualquiera y obligan a tener en cuenta que trabajar en un entorno así es distinto a trabajar en cualquier otro lugar.

A su vez, también lo convierte en algo precioso, especial, más valioso y cualquier huella que nosotros dejemos ahora tiene que intentar mejorar el estado previo porque hemos heredado algo único y tenemos que ser capaces, sin fosilizar la ciudad ni la provincia, de que nuestra generación aporte y siga teniendo motivos de orgullo para las generaciones que vengan después.

Toledo está en constante cambio gracias a distintas iniciativas administrativas. ¿Cree que deberían contar más con las instituciones de la ciudad en proyectos e iniciativas?

Las instituciones saben que en nosotros, y hablo por la Real Academia, tienen un aliado fiel y leal porque lo único que nos mueve es la preservación, el cuidado y la divulgación de nuestra cultura y patrimonio.

En ese sentido, si son inteligentes, y espero que lo sean, nos verán como un facilitador para hacer las cosas bien y en el sentido correcto.  También siendo conscientes, con la humildad que todo el mundo debe tener, de que nuestra opinión puede estar a veces equivocada o ser errónea. Por supuesto, nadie tiene la verdad absoluta y nosotros tampoco. Simplemente, tenemos un enfoque que se centra en lo que da nombre y sentido a nuestra institución, las Bellas Artes y las Ciencias Históricas.

¿Necesita la Rabacht acercarse más a la sociedad toledana?

Evidentemente sí.

¿Y cómo se puede lograr?

Haciéndola más horizontal y más permeable. Tenemos que intentar no parecer una elite social, eso al final nos aleja de la realidad. Tenemos que hacer valer que somos personas con un amor a la ciudad y con un bagaje, pero sin sentirnos superiores a nadie, al contrario, siendo servidores de esas personas que, por las razones que sean, no han tenido todavía un acercamiento al mundo de la cultura con carácter previo.

Toledo tiene un reto muy importante delante, la redacción del Plan de Ordenación Municipal (POM). Imagino que la Rabacht estará pendiente para aportar y poner el foco en el futuro urbanístico de la ciudad.

Claro, ya lo saben. Nos ponemos a disposición de las administraciones, en este caso especialmente del Ayuntamiento, para cuando llegue el momento de sentarnos a ver la redacción del documento. De momento, se encuentra en una fase muy previa, pero cuando llegue el momento aportaremos nuestra visión y si lo consideran se podrán incorporar las posibles opiniones y alegaciones si llega el momento de hacerlas. Eso sí, siempre por nuestra parte irán con las mejores intenciones para hacer una ciudad mejor para el futuro.

El año pasado se hablaba de que tanto el Ayuntamiento como la Universidad estaban fortaleciendo lazos con la Rabacht. ¿En qué consiste estos acercamientos?

Con la Universidad son colaboraciones a través de programas divulgativos con facultades más vinculadas a la Ciencias Históricas y a las Bellas Artes. Y en el caso del Ayuntamiento se trata de colaboraciones permanentes en muchos aspectos. Estamos echando una mano, porque así nos lo pidieron, en el plan de retirada del bolseo, pero estamos a su disposición en cualquier programa que nos soliciten. Somos parte de la ciudad y tenemos clarísimo que tenemos que ser útiles y solo se puede hacer mediante la colaboración real y activa con instituciones que tienen mucho que decir, y la Universidad y del Ayuntamiento son piezas clave.

Hace poco la Real Academia inició los trámites para convertir en BIC un edificio en la calle San Eulalia. ¿Este tipo de iniciativas deberían llevarse a cabo en más inmuebles de Toledo para protegerlos?

Se trata de un edificio de elevado valor y hasta la fecha no tener protección lo hacía vulnerable, pero ya son pocos los edificios que teniendo un elevado valor no tienen esa declaración. Aun así, si surge alguno más, actuaríamos del mismo modo para que esos bienes sean preservados en la medida de lo posible, sabiendo que tampoco pueden estar eternamente en un estado de abandono. Cuando se intervenga en ellos se tiene que hacer sabiendo que se está modificando algo muy valioso.

Hace un par de años se solicitó la declaración de BIC para el conjunto de Tenerías a raíz de un Perim para la construcción de viviendas en la zona, pero aún no se sabe nada. ¿Es una iniciativa necesaria?

Sí, los baños de Tenerías son muy valiosos, pero seguimos a la espera de noticias.

Hay una iniciativa en pie desde hace tiempo que solicita que los restos de Recesvinto y Wamba sean declarados BIC y se entierren con honores. 

Es un asunto que todavía no se ha debatido en el pleno y la Real Academia no tiene opinión sobre ello.

¿Sería necesario o posible redefinir el BIC de Vega Baja, una de las apuestas del actual concejal de Urbanismo del Ayuntamiento?

Si esa propuesta llegase a realizarse por parte de alguna administración, habría que estudiar tranquilamente la documentación y emitir una opinión. Hay que recordar que la opinión de la Real Academia es siempre democrática y no es la del director.

Aunque todavía no haya un proyecto formal en el Ayuntamiento, sí se está trabajando sobre la posibilidad de implantar dos líneas de teleférico en la ciudad. ¿Cómo ve la idea?

Tendremos que estudiar el proyecto cuando haya mapas, planos y demás. Hablar a priori sobre rumores no me parece muy adecuado. Trabajamos siempre en base a documentación y a propuestas concretas.

¿Cree que Toledo cuida suficientemente su paisaje cultural?

A la vista está que Toledo ha cuidado su paisaje cultural porque es de las pocas ciudades en España que posee un alto valor paisajístico cuando el 99% de nuestras ciudades lo tienen de escaso o nulo valor. Pero también hay que ser conscientes de que el paisaje de Toledo siempre está amenazado al estar íntimamente ligado al humano y en permanente cambio. Por tanto, hay que estar en permanente vigilancia.

También tenemos en el paisaje uno de nuestros grandes motivos de orgullo y de actividad económica. No  hay que olvidar que mucha gente que viene a Toledo no lo hace solo por nuestro monumento, sino por un entono paisajístico y un paisaje cultural muy concreto que es único en España y diría que en Europa.

Hablando de preservar el paisaje… El Gobierno municipal maneja una propuesta para habilitar un auditorio en el Valle. ¿Podría alterar o suponer una amenaza para el alto valor paisajístico de la ciudad?

Cuando haya mapas, planos y proyectos se debatirá si llega ese momento en el pleno y se emitirá una opinión de la Real Academia. Hablar solo sobre titulares no tiene sentido.

Toledo está en la carrera para conseguir ser Capital Europea de la Cultura. ¿Está preparada la ciudad para asumir este reto? ¿Se podría sacar un mayor rendimiento cultural?

Claro que está preparada. No hay duda de que es una ciudad que culturalmente tiene mucho que decir. Nadie en España se ha llevado las manos a la cabeza al ver a Toledo ni ha dicho que éramos unos intrusos en el mundo de la cultura en relación a las posibilidades para alcanzar la Capitalidad Europea de la Cultura.

Aun así, queda mucho camino por hacer y tenemos un reto bonito. Pero como decía la famosa poesía, hay que disfrutar el camino y no solo la meta. Tenemos que intentar llegar a la meta, pero si por el camino mejoramos, mejor que mejor.

La Real Fundación va a gestionar 300.000 euros para el tema de la capitalidad. ¿La Real Academia ha tenido también conversaciones con el Ayuntamiento para poder participar en la organización? 

Llevo seis días como director de la Real Academia, así que no lo sé. Dotación económica a la Real Academia no se ha dado, pero estamos dispuestos a aportar y colaborar en lo que haga falta en la capitalidad, no podría ser de otra manera. Pero tenemos un modelo de funcionamiento distinto a una fundación porque somos un grupo de personas que aportan su tiempo de manera altruista fuera de una dedicación profesional y limita un poco porque no es nuestro trabajo ni nuestro modo de vida, pero estamos para ayudar en todo lo que podamos.

¿Cómo ve al resto de ciudades que han anunciado que se presentarán para optar a la capitalidad cultural respecto a Toledo?

No tenemos nada que envidiar. Todas las ciudades tienen sus puntos fuertes, débiles y sus potencialidades, pero no creo que partamos ni muy atrás ni tampoco muy delante. Va a estar igualado y, sinceramente, pienso que somos una ciudad que encajaría bien en ese título de Capital Europea de la Cultura porque cuando uno analiza la historia, el presente y el futuro, Toledo es una ciudad que tiene mucho que decir.

Hace unos meses salió a la luz el ranking del Observatorio de la Cutura y colocó a  Toledo en sexta posición en relación a las ocho ciudades competidoras hasta la fecha, con lo que no quedamos en buena posición.

Es un ranking con sus particularidades, valioso, pero no determinante. Está bien que exista y es un elemento de los pocos que hay en España que mide la actividad cultural, pero no es muy específico y tiene un enfoque particular, con lo que son datos que hay que tener en la mesa, pero tampoco pueden tomarse como la referencia para esta carrera.

Es un ranking que se dedica solo a evaluar qué proyectos, con un sesgo y votado por unas ciertas personas, se están desarrollando en ese año concreto sin considerar el bagaje anterior, tampoco lo que la ciudad representa, su paisaje, su patrimonio, su dinamismo social, ni su presencia o ausencia de instituciones de la sociedad civil.

¿Qué supondría para Toledo alcanzar este título?

Nos actualizaría porque nos obligaría a repensar nuestro modelo cultural, nuestra manera de trabajar. Si se consiguiera marcaría un antes y un después en una ciudad que a principios de siglo XX fue una referencia en muchos aspectos, con la creación de un nuevo modelo de turismo gracias a personas como el Marqués de la Vega Inclán con proyectos como el Museo del Greco o la restauración de la sinagoga del Tránsito.

Si uno mira la historia cultural de España, Toledo estuvo ahí, con lo que por qué no vamos a estar ahora en una fase de redefinición de lo que es la cultura en general, no solo en Toledo o en España, sino en el mundo entero. Estamos atravesando una época de cambios profundos sociales en todo Occidente y estoy seguro de que Toledo, que ha estado siempre en el ojo de la historia, volverá a estarlo y puede ser una bonita oportunidad.

Hay otro elemento fundamental en Toledo, el río Tajo. En una entrevista en La Tribuna en 2019 ya comentó que recuperar el río era una obligación de todos. Han pasado seis años, se han cambiado las reglas del trasvase, pero el río sigue en una situación muy delicada. ¿Podemos hacer algo desde Toledo?

El problema del Tajo es que no es resoluble desde lo local. Desde aquí podemos eliminar puntos de vertido que existían, algo que se está haciendo con buen criterio, o cuidar las riberas, pero los problemas del Tajo se deciden fuera de Toledo, principalmente en Madrid y en el ámbito europeo, donde me consta que se está luchando y puede ser nuestra única salvación.

Desde lo local tenemos que seguir reivindicando lo que significa el río para Toledo y lo que significó desde su origen, dando ejemplo y cuidándolo en la parte que nos corresponda a cada uno, como ciudadanos concretos y como ciudad. También hay que exigir que se cumplan las sentencias, se establezcan los caudales mínimos e instar a las administraciones a que entiendan que el panorama ambiental mundial no es compatible con el mantenimiento de infraestructuras como el trasvase Tajo-Segura o la ausencia de una depuración suficiente. Hay que hacerles ver que la situación del Tajo es una anomalía en lo que es Occidente.

Y al paso por la ciudad, ¿mantenemos los azudes o los eliminamos como dicen los ecologistas?

Está claro que tenemos que alcanzar equilibrios entre lo que es la necesaria renaturalización de un río y la preservación de infraestructuras que llevan con nosotros miles de años. Estoy seguro que si nos sentamos entre todos podemos llegar a equilibrios en lo que sea posible ambas cosas.

En relación al turismo, ¿le preocupa la presión de la actividad extrahotelera en el Casco a pesar de que haya una ordenanza municipal?

Me preocupa como le puede preocupar a cualquier ciudadano porque es algo que está en el debate internacional. Es un asunto que ha crecido muy rápido en los últimos años y la regulación suele llegar un poco tarde en estos casos. En Toledo se ha actuado ya con esa normativa y lo importante es que existan herramientas para velar que se cumple.

También hay que ser dinámicos porque una vez implantada la ordenanza hay que actuar en concordancia con lo que la realidad vaya aportando. Si se constatara que las ratios que se han quedado cortas o largas habría que actuar.

El inmovilismo es enemigo de la gestión y tenemos que dotarnos de herramientas para una gestión de los problemas, pero tampoco por el hecho de que esté la herramienta ya no hay que hacer nada. Por eso, es importante que estos establecimientos tengan su licencia y los portales que los venden estén obligados solo ofrecer los que sean legales. De nada valdría tener una herramienta que no fuera eficaz porque se sigan ofreciendo en esas plataformas inmuebles sin esa autorización. Y lo dicho vale para Toledo y el resto de ciudades.

Llevamos años hablando de proteger al residente y de poner freno a la despoblación del Casco. 

El gran éxodo de miles de toledanos del Casco se produjo en los años 70, 80 y 90 porque la ciudad empezó a tener nuevas barriadas con una tipología de viviendas que el Casco no ofrecía al ser muy antiguas. Tampoco había ayudas ni existían las técnicas de construcción que permiten una rehabilitación con unos estándares adecuados. Desde entonces, la cifra oficial de habitantes del Casco permanece más o menos estable, teniendo en cuenta la dinámica actual con una demografía particular porque apenas nacen niños.

Pero también es cierto que ese fenómeno creciente del número de viviendas de uso turístico hace que ese mismo número de vecinos tenga que convivir en los últimos años con más turistas. Aun así, los vecinos se benefician de la actividad turística porque hay servicios que disfrutan ambos.

También la actividad extrahotelera ayuda a mantener el Casco más vivo de alguna manera, ¿no?

Eso es. Una persona que vive en la calle Trinidad, por ejemplo, puede hacer la compra a precios razonables en su calle y eso es posible porque hay habitantes y visitantes. Y lo mismo con otro tipo de servicios. Los turistas no son alienígenas, son personas y generan dinamismo y servicios. Hay que ser conscientes de que la presencia del turismo modifica un entorno y hay que intentar que sea para el bien de todos y luchar para que esa coexistencia sea armónica y razonable, pero sin maximalismos ni caer en el todo vale ni en la turismofobia. Es mi opinión personal, no de la Real Academia.

¿Qué le parece la ordenanza de regulación turística y convivencia sobre la que trabaja el Ayuntamiento?

Al menos se está haciendo un esfuerzo de algo sobre lo que siempre se hablaba pero nadie se atrevía a poner el cascabel al gato. Cuando esté redactada al 100% daremos una opinión tanto desde la Real Academia como la mía personal si hace falta. Es una buena noticia porque como no se arreglan los problemas es no actuando.

¿Qué le parece la propuesta de Izquierda Unida de que se controle el relato de los guías turísticos?

Me parecen bien todos los esfuerzos que se hagan en Toledo y en cualquier otra ciudad histórica porque los contenidos que se lleven en la cabeza los visitantes sean buenos, pero hay que ser conscientes de que es imposible tener un inspector al lado de cada guía.