Libro: ‘Purgar al vecino. Soberbia, codicia y venganza’, de  Juan Carlos Buitrago Oliver

Libro: ‘Purgar al vecino. Soberbia, codicia y venganza’, de  Juan Carlos Buitrago Oliver

Publicado en Conversación sobre la Historia el 26 de diciembre de 2022

Gracias a un exhaustivo uso de fuentes, un enfoque micro y un sugerente relato de los sentimientos que canalizan las conductas humanas, este libro aporta una interpretación holística de la violencia política, económica y social vivida en una ciudad de la retaguardia republicana que sufrió, a continuación, la dura venganza de los vencedores. El libro ofrece la trazabilidad de una represión que intercambió víctimas y represores durante la guerra y la posguerra, huyendo tanto de trincheras historiográficas como de una impostada equidistancia, y proporciona herramientas metodológicas novedosas para completar el mapa de la violencia de una “larga” guerra civil.

Ángel Luis López Villaverde
Profesor Titular de Historia Contemporánea, UCLM

Conocí al autor en las aulas del antiguo Colegio Universitario de Ciudad Real, durante el primer año de la Licenciatura de Geografía e Historia, a comienzos del otoño de 1981. Y compartimos en los dos últimos años de carrera en Madrid piso y Facultad, la de Filosofía B de la Complutense, entre 1985 y 1986. Aunque elegimos especialidades diferentes (él la historia medieval y yo la contemporánea), pudimos intercambiar las confidencias que no habíamos tenido en los años anteriores y descubrimos que teníamos un pasado común. Su abuelo (Isidro Buitrago Rincón, presidente del sindicato de albañiles de Ciudad Real) y el mío (G. Alberto López Crespo, un maestro republicano, dirigente almagreño de Izquierda Republicana y concejal del Frente Popular) habían sido fusilados en la posguerra, tras la farsa de unos juicios sumarísimos de urgencia cuya sentencia estaba escrita antes desde su detención. No consta que se conocieran entre sí, pero nuestra historia familiar traumática nos unió de manera muy especial. Posteriormente, yo me dediqué a la investigación de los años de la República y la Guerra Civil y cumplí mi sueño de dedicarme a la docencia (para continuar la tradición de un abuelo paterno al que no conocí, cuya vida truncó la dictadura), mientras a Juan Carlos, la vida profesional le llevó a terrenos alejados de la universidad. Aunque seguimos, con reuniones anuales, para no perder una amistad que nos había unido en aquellos años universitarios.

El autor, Juan Carlos Buitrago Oliver, consigue destripar el pasado complejo de una comunidad, la representada por una capital de provincias manchega, en algo más de seiscientas páginas, entre las que incluye un detallado aparato bibliográfico. Partiendo de un amplio manejo de fuentes primarias y secundarias, y apoyándose en un vistoso y utilísimo apoyo de cuadros, gráficos y mapas, analiza minuciosamente la violencia política y la represión en una ciudad de la retaguardia republicana desde un enfoque micro y siguiendo el hilo conductor de la historia de las emociones durante los años previos a la guerra civil, los propiamente bélicos y durante la posguerra.

Como dice su director de tesis en el prólogo, Juan Carlos ha demostrado ser un “científico activo, que trabaja arduamente con las fuentes, que asimila y reflexiona para no solo contar la historia, sino para explicarla, arriesgando con valentía en la elaboración de teorías que contribuyen a rebasar lo estrictamente descriptivo”. Aceptando un reto muy complejo, ha conseguido “rebatir algunas hipótesis ya publicadas con anterioridad, modificar la visión de numerosos acontecimientos e impulsar una visión innovadora que desde lo local nos sirve para contribuir a la explicación general de la guerra en todo el territorio republicano, donde se ubicaba la capital manchega (…)” (pág. 13).

Estamos, por consiguiente, ante un trabajo de investigación solvente y bien documentado de microhistoria de la violencia. El autor relata “un pasado sucio” (parafraseando el reciente ensayo de José Álvarez Junco sobre el tema), marcado por la violencia  revolucionaria y la contrarrevolucionaria ejercida entre vecinos a lo largo de casi una década, con el municipio de Ciudad Real como escenario por el que se mueven múltiples actores, víctimas y represores (término que el autor prefiere al de victimarios).

El libro, como la tesis, se estructura en tres capítulos de diferente amplitud. Dos de ellos llevan el título de pecados capitales identificados por el cristianismo, la venganza –aunque en sí, no es un pecado capital, sí lo es una de sus formas, la ira— y la soberbia; y una enfermedad moral, la codicia, que, según Platón, era capaz de corromperlo todo en la ciudad. Un contenido riguroso, capaz de llegar a un público amplio gracias a su pulso narrativo, especialmente atractivo en la introducción de cada capítulo, porque el autor escribe con rigor, pero no con rigor mortis -una expresión que suele usar Ángel Viñas-, algo no demasiado habitual en trabajos académicos.

Buitrago muestra sus intenciones en la introducción del libro (págs. 19-30), donde confiesa aspirar a construir un relato interpretativo de lo pretérito que sea útil para el presente. Metodológicamente apuesta por ampliar el foco, desde una mirada micro, siguiendo como hilo conductor la historia de las emociones o de la experiencia. De modo que lo local se convierte en el método, y no en el objetivo. Este pasa a ser la naturaleza emocional de la realidad social, los sentimientos desde los que se canalizan las conductas, en este caso, las violentas. Tras una buena fundamentación metodológica, el autor se muestra con soltura en la definición de violencia, adentrándose en terrenos movedizos, pero necesarios, si se trata de trascender la cuantificación para responder a las preguntas básicas en este tipo de investigaciones.

El primer capítulo, “Soberbia” (págs. 31-86) comienza confrontando dos personalidades contrapuestas: el alcalde socialista José Maestro y el director del diario católico El Pueblo Manchego, Manuel Noblejas. Y demuestra que es capaz de atraer al lector con unos personajes y un lenguaje que tendría una fácil traducción como guion literario o cinematográfico, como le ocurre en los capítulos siguientes con otros protagonistas. Lo más destacable de este capítulo es el interesante resumen de la campaña electoral.

El siguiente capítulo, “Codicia” (págs. 87-174) empieza como el anterior, con la comparación de otros dos protagonistas: en este caso, el falangista Juan Antonio Solís (propietario de una empresa de transportes de personas y mercancías, que poseía un gran patrimonio) y el concejal Calixto Pintor (responsable de la UGT). Aunque entiende que la violencia de las guerras civiles precisa del análisis de las dimensiones económicas que las sustentan, en la codicia intervienen otros factores, pues hay más ambigüedad. El contenido se centra en la destitución (cesantía) de funcionarios en ambas retaguardias, las incautaciones, la extorsión (oficial, con recibos, y extraoficial, con impuesto “revolucionario” y “donativos” o saqueos), los tribunales (populares y de responsabilidades políticas franquistas) y la delincuencia. Especial interés tiene su detallado análisis de las colectividades y controles urbanos. De nuevo, la larga duración en torno a una temática concreta supera la compartimentación meramente cronológica, para una mejor comprensión.

El último capítulo, “Venganza”, es el más largo y novedoso, ilustrado con numerosos gráficos (págs. 175-429). El análisis de caso en su inicio lo ocupa aquí la familia Prado Cejuela, de víctima a verdugo. Una de sus principales aportaciones es la trazabilidad en relación a las víctimas y su detenido estudio sobre el modus operandi en las ejecuciones. Su otra gran aportación contradice la tesis de los “círculos concéntricos” mantenida por Fernando del Rey en Retaguardia roja (subtitulado Violencia y revolución en la guerra civil española, Galaxia Gutemberg, 2019) en la provincia de Ciudad Real [reseña aquí]. Buitrago no aprecia esa supuesta red comarcal o redes de la muerte en la capital, al igual que yo tampoco las detecté al enfrentarme a la microhistoria de la violencia en Almagro en El ventanuco. Tras las huellas de un maestro republicano (Almud, 2018).

Más controvertido resulta su calificación de la “justicia revolucionaria”, como “una violencia planificada”. Probablemente es una cuestión meramente semántica. Pero no es menor, y así lo llevo discutiendo con el autor desde hace años. Si recurrimos a la RAE, “planificación” implica un “plan general, metódicamente organizado y frecuentemente de gran amplitud, para obtener un objetivo determinado”, mientras que “organizar” es “establecer o reformar algo para lograr un fin, coordinando las personas y los medios adecuados”. A mi juicio, algo “metódicamente organizado” añade un adverbio que no se puede obviar, como también hay diferencias entre un “plan general” y una coordinación. Porque, si no hay un organismo centralizado provincial, si hay una organización autónoma de los comités locales ¿cómo se puede hablar propiamente de planificación? En cualquier caso, una discrepancia semántica como esta no resta un ápice de interés al libro. Al contrario, pues contribuye a alimentar un debate que está vivo.

Especialmente interesante resultan los últimos epígrafes de este capítulo. En “las víctimas y los represores. Nosotros y ellos” (págs. 271-353), el constructo “nosotros, ellos” le sirve para documentar cómo actúan los humanos desde las emociones, no para transmitir una imagen de “equiviolencia”, que el autor evita. A su juicio, buena parte de las víctimas fueron condenadas por su pretérito conjugado en singular: primero, desde una lógica preventiva, y más tarde desde “una planificación de la profilaxis para la limpieza revolucionaria”; y singular, porque afectó a unos sí y a otros no. También elude Buitrago el uso de expresiones tan gruesas como “genocidido” o “exterminio” y se cuestiona, como yo también lo hago, la pertinencia del uso del sintagma “persecución religiosa”.

Y muy recomendable resulta el siguiente epígrafe, “Ahora nosotros somos ellos y ellos nosotros. La justicia al revés” (353-429), donde analiza la quinta columna, a los delatores cuasi profesionales y evidencia la colaboración de la sociedad española en el engranaje de la maquinaria judicial. Muy pormenorizado y riguroso es su análisis de las causas incoadas por los tribunales franquistas a los vecinos de Ciudad Real. Interesante es así mismo su estudio sobre cómo la comisión de “examen de penas” no sirvió para unificar criterios y cómo la cierta relajación que fue produciéndose se debió a que la profilaxis estaba ya hecha. También merece la pena su estudio sobre el sistema penitenciario franquista, la dispersión, masificación y nomadismo penitenciario, la solidaridad y ayuda mutua de los presos, los batallones de trabajo, las enfermedades carcelarias, la censura, las dificultades para la concesión de la libertad condicional o los destierros.

El apartado de conclusiones resulta muy clarificador. En este sentido hay dos vías: la que prioriza la brevedad y la que, por el contrario, trasciende la mera síntesis del contenido planteando nuevas preguntas. En este caso, mantiene un equilibrio entre ambas.

En definitiva, se trata de un libro que, desde un paradigma interpretativo, con un uso exhaustivo de fuentes y un relato sugerente, huyendo de trincheras historiográficas, pero también de una impostada equidistancia, aporta un enfoque holístico de la violencia, a través de los sentimientos que canalizan las conductas humanas, en un entorno micro y un marco cronológico que trasciende lo coyuntural. Sus aportaciones no tienen por qué ser extrapolables, pero ofrece herramientas metodológicas novedosas para completar el mapa de la violencia política, económica y social, su trazabilidad y complejidad, durante esa “larga guerra civil”, prolongada mientras estuvo vigente el estado de guerra.

Reseña del libro de BUITRAGO OLIVER, Juan Carlos (2022), Purgar al vecino: soberbia, codicia y venganza. La represión en una capital de provincia durante la Guerra Civil y la posguerra. Ciudad Real, 1936-1944. Toledo, Almud.

Fuente: Conversación sobre la historia

 

 

La Casa Metternich. En Vega Zacatena

La “Casa Metternich”, más conocida como “Casa del Príncipe” se sitúa en un espacio singular de la Dehesa de Zacatena, ubicada en Daimiel

Por Diego Peris

Publicado en el diario Lanza el 18 de diciembre de 2022

La arquitectura contemporánea tiene, en muchas ocasiones, escasa protección legal. Sus edificios son alterados por sus propietarios sin valorar aquello que tienen, cuando no son eliminados. Y una de las causas importantes es la falta de valoración social que reciben con un escaso conocimiento de lo que significan, lo que han aportado y sus valores para la sociedad. Por eso la Fundación Docomomo Ibérico trata de destacar aquellos edificios del movimiento moderno que por diferentes razones merecen una atención especial. Hasta el momento 2.422 edificios están incluidos en los registros sobre la arquitectura de España y Portugal. Y recientemente publicaba un nuevo reportaje fotográfico de una casa, una vivienda localizada en el término municipal de Daimiel: la Casa del Príncipe incluida en el registro del Docomomo.

La Casa Metternich

La “Casa Metternich”, más conocida como “Casa del Príncipe” se denomina así por el nombre de su propietario, Pablo Alfonso de Metternich y Silva, X Conde de Castillejo, VI Príncipe de Metternich-Winneburg (Viena,1917-Schweiz, 1992), perteneciente a una familia diplomática y aristocrática de origen alemán, pero con ascendencia española. En los años 70, el Príncipe de Metternich quiso construir esta singular residencia para la familia Metternich – Silva y sus amistades. Un proyecto de casa para vacaciones.
El proyecto que promueve el Príncipe de Metternich se inspiraba en las casas mediterráneas, aunque influido por las nuevas corrientes arquitectónicas más vanguardistas de la época. Una vivienda próxima al estilo internacional que suponía una renovación total en tierras manchegas. La dirección de obra fue realizada por el estudio de arquitectura Harnden & Bombelli, con sede en Barcelona y se sitúa en un espacio singular de la Dehesa de Zacatena, ubicada en Daimiel. El edificio tiene una estética de líneas puras con clara influencia en su construcción de las casas veraniega de las costas de Cadaqués y con sus formas rectas e imponente tamaño se inserta en el paisaje próximo. La sencillez de su propuesta y la austeridad de sus formas constituyen uno de los valores esenciales del proyecto.

El acondicionamiento interior

El inglés Peter Harnden y el italiano Lanfranco Bombelli diseñaron en los años 70 el interior de esta vivienda con un acabado sencillo, siguiendo las corrientes de un diseño minimalista, con techos altos y geométricos en un interior en el que la luz llegaba desde grandes ventanales que comunican visualmente con su exterior en las zonas de ocio y baño y un diseño sobrio en su decoración, con tonos cálidos, creando contrastes en sus texturas y materiales.
Los colores predominantes en todo el proyecto son blancos, terracota y crudos en contraste con diferentes elementos decorativos en negro y algunos elementos puntuales en azul real. Hay elementos realizados por artesanos locales, con fibras vegetales, como sillas de enea y serijos manchegos tradicionales, seña de identidad de un interiorismo, carente de artificios.
Cada una de las dependencias está equipada con todos los elementos que necesitan para su funcionamiento correcto y estricto que se ha respetado en la rehabilitación actual para mantener la esencia del proyecto original. Un proyecto rehabilitado ahora para alojamiento turístico que ofrece las condiciones de calidad necesarias, dentro de la sobriedad y la calidad del proyecto original con los requerimientos tecnológicos necesarios hoy en día.

Distribución

La planta principal pentagonal se encuentra dividida en varios volúmenes que se orientan en torno a la piscina, con una gran terraza con vistas de la dehesa y orillas del río Guadiana en el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel.
La zona noble central consta de un gran salón social con un amplia chimenea de acero de color negro. Frente a ella un panel que divide el espacio abierto del comedor para los invitados, uniendo diferentes ámbitos con un amplio ventanal corrido que permite una comunicación visual con el exterior. Unido a esta zona social y cerrando el espacio exterior de la terraza y piscina se encuentran dos alas de dormitorios. En su parte norte se encuentran dos con baño en suite, destinados para los propietarios en el momento de su construcción.
En la parte opuesta de esta terraza se localiza otra zona con tres dormitorios dobles para los invitados y huéspedes de la casa, todos ellos con vistas, a través de grandes ventanales, a la terraza y piscina exterior. Esta forma de abrirse la casa al exterior contrasta con las pequeñas ventanas cuadradas de la parte posterior. En la otra zona del edificio están las dependencias de cocina y office que conectan con un apartamento capacidad para cuatro personas, baño separado, y que se utilizaba antiguamente para el servicio de cocina y mantenimiento de la casa. Esta zona puede utilizarse actualmente por los clientes de la casa rural. Un espacio que, en su decoración y ambientación interior respeta los criterios del conjunto de la vivienda.

Entorno y paisajismo

El proyecto original quería integrar la vivienda en la dehesa con encinas centenarias. Situando la vivienda en el punto más elevado de la zona se aprovechan las mejores vistas y panorámicas. La construcción y su entorno próximo quieren ser la transición entre la vivienda y el paisaje de pastizales y dehesa que la rodeaba. Un entorno valorado en las dehesas de las zonas próximas que, en el espacio próximo a la vivienda quedó reducido a unas jardineras en la zona de acceso y entrada.
Se realizó una pequeña intervención de jardinería en el perímetro de la finca, con un tratamiento visual del paisaje. Se estudiaron las zonas desde las que, la visual del conjunto, en las ventanas de dormitorios demandaba este acondicionamiento. Se realizaron unos pequeños bancales con especies resistentes y de poco mantenimiento como adelfas, yucas y ágaves americanas de las que quedan algunos ejemplares originales.
La finca originalmente no contaba con ningún cerramiento ni seto, intentando no romper esa conexión entre la vivienda y el entorno de olivos y encinares que la envuelve. Las condiciones actuales y exigencias de seguridad y control han llevado a construir un cerramiento y un seto que, en parte, ha modificado esta integración de la vivienda en el paisaje pero que aseguran la privacidad y seguridad de la finca.

En la actualidad

Después de una remodelación y actualización de instalaciones, la “Casa del Príncipe” se ofrece como alojamiento turístico singular, una exclusiva villa con la catalogación de casa rural de cuatro estrellas con capacidad para 19 personas. La web del actual alojamiento ofrece una información muy interesante de la arquitectura de la casa y de las personas que han intervenido en su creación, en la construcción y acondicionamiento interior de la misma, muestra del aprecio que se tiene por su historia. Las imágenes de la vivienda inicial con el estado actual son buena muestra de la calidad de la construcción, el mantenimiento de la misma y del aprecio de sus propietarios.

Los tres exilios de Alberto Sánchez

Por Jesús Fuentes Lázaro

Publicado en La Tribuna de Toledo el 13 de diciembre de 2022

Imagen: Homenaje al artista toledano Alberto Sánchez / Fotografía: Ayuntamiento de Toledo

No ha tenido suerte hasta ahora el escultor más importante de Toledo, Alberto Sánchez. Su vida estuvo marcada por los exilios. Tres físicos, que sepamos, y varios otros mentales, que ignoramos. El primer exilio interior se produjo en su juventud. El segundo exterior, cuando se vió obligado a abandonar España para vivir en un país tan diferente al suyo como Rusia. El tercero, ya él no lo vivió. En un día sin fecha, de un mes cualquiera, de un año indiferente, la parte de su obra cedida a la ciudad se almacenaba en la que fuera biblioteca antigua en compañía del polvo y los fantasmas. Amontonadas y abandonadas estuvieron durante años hasta que el empecinamiento de Juan Sánchez consiguió un trato menos duro para las obras allí soltadas. El Museo de Arte Contemporáneo de Toledo se cerraba sin explicación ni motivos aparentes. Sus esculturas y dibujos, tan innovadores, eran condenados a purgar su modernidad en un lugar improvisado junto con las obras que otros creadores de la España cercana habían proporcionado para el mencionado museo como acompañamiento a la trayectoria artística de Alberto Sánchez.
El primer exilio fue el resultado del hambre y la miseria de una época, en una ciudad de provincias, en los años iniciales del siglo XX. Sus padres emigraban a Madrid en busca de un trabajo más digno. Alberto resistió en Toledo, su territorio espiritual e inspirador, hasta que se convenció de que en la ciudad en la que había nacido y crecido carecía de presente y de futuro. Una suerte, porque así pudo aprender a leer y escribir, gracias a los esfuerzos de un mancebo de farmacia. Accedía tarde a las letras y tal vez eso lastró la teorización verbal de su obra. Construía o pintaba en función de los impulsos de la materia con quien mantenía una relación de simbiosis orgánica. En este exilio Alberto Sánchez descubriría el potencial creativo que traía de origen Alberto Sánchez.
El segundo exilio resultó más traumático. Una guerra civil, cuando empezaba a organizar su vida familiar y profesional, lo empujó hasta Rusia. Si cualquier exilio es un desgarro, este supuso para Alberto su gran desgarro. Agradeció intensamente a este país su acogida, a pesar de momentos de incertidumbres y desencantos, pero con la misma intensidad se aferró, para sobrevivir, a la nostalgia de los territorios de Toledo, Vallecas o la Sagra. Buscó en Rusia los paisajes que más se asemejaban a las llanuras de tierras rojas y soles inmisericordes de su vida. Su gran añoranza fue Toledo, donde quería volver para retomar los sueños forjados en su infancia de hambre y primera juventud, mientras repartía pan por barrios semiderruidos y cigarrales remotos. No fue posible. La muerte lo atrapó antes. Su familia se comportó generosa con la ciudad de sus ensueños, donando una importante obra, a pesar de los requiebros financieros de Madrid.
El último exilio, el de su obra en Toledo, resultó el más mezquino por el desprecio y la ignorancia de su significado en la pintura española. Al cerrar el Museo de Arte Contemporáneo, instalado en la llamada Casa de las Cadenas, esculturas y dibujos fueron enterrados en el edificio abandonado de la primera biblioteca, situada en el paseo del Miradero. Si los sueños perviven seguro que muchos de los originados con las lecturas de libros en individuos anónimos debieron dialogar con las obras abandonadas de Alberto Sánchez y aliviar a la espera de tiempos mejores.
Ahora parece que los exilios de Alberto Sánchez se acercan a un final cercano. La Consejería de Educación y Cultura, a través de la Fundación CORPO, de Castilla-la Mancha, prepara un nuevo espacio en el edificio de Santa Fe donde poder contemplar las obras singulares de Alberto Sánchez.

Lecturas de Patrimonio: la Cueva de los Casares

Por Antonio Herrera Casado

Publicado en Los Escritos de Herrera Casado el 30 de diciembre de 2022

no de los más señalados monumentos de nuestra provincia, está siempre en la oscuridad, no hay forma de ponerle bombillas: se trata de la Cueva de los Casares, un auténtico santuario del arte rupestre paleolítico. La Cueva de los Casares está siempre llena de misterios. Entre las cien figuras talladas en la roca de su oscuro vientre, hay animales y hombres, hay vida retratada desde hace miles y miles de años. Y aparte de ser crónica de su tiempo, y templo propiciatorio, es también, muy posiblemente, el lugar donde aparece dibujado el mito más antiguo generado por la mente humana: el de la entrada en el caos de la muerte.

La cueva es monumento nacional y merecedora de una atenta visita. Le proviene el nombre de un antiguo poblado árabe que hubo en la ladera sobre la que aparece la cueva, y que se coronaba con gran torre o atalaya vigilante del valle, de arquitectura singular, pues su planta es cuadrada y tiene la entrada a gran altura, orientada al sur, sobre el acantilado, con arco apuntado interior y dos pisos con bóveda, en saledizo que se comunicaban por una escalera hoy perdida.

Aunque ya hace ya casi 100 años que se conoce la Cueva de los Casares (1928) y casi 90 que fue declarada Monumento Nacional (1935) este elemento patrimonial localizado en Riba de Saelices, aún es desconocida para la mayor parte de los habitantes de Guadalajara. La Cueva de los Casares, en las orillas del río Linares, a 1.162 metros de altitud sobre el nivel del mar, en lo alto de un fuerte recuesto rocoso, es una de las joyas patrimoniales de nuestra tierra, no sólo de Guadalajara provincia, sino de Castilla-La Mancha, y aún de España entera. Quien fue guía oficial de la cueva, Emilio Moreno Foved, me contó hace tiempo que eran más los extranjeros que acudían a visitarla, que españoles.

La Cueva de los Casares fue habitada por los hombres del Paleolítico Medio desde hace, al menos, 30.000 años. Los estudios de Antonio García Seror, a la espera de nuevas excavaciones y análisis más científicos con métodos que aún no se han puesto en marcha en este caso, hablan de “modernizarla” un tanto. Y podría acercarse esa fecha hasta los 10.000 años antes de Cristo. En esa época se calcula que hicieron sus grabados, en el discurso de ritos propiciatorios de victoria y fecundidad. A lo largo de los 264 metros de longitud/profundidad que tiene la Cueva de los Casares, se encuentran 168 grabados bien identificados y explicados, lo cual pone a Casares en la primera línea de las cuevas con contenido de arte paleolítico de todo el mundo. Aunque las de Peche y Atapuerca ofrecen también buen número de grabados, y otras muchas han ido apareciendo en los últimos decenios por la Península, ninguna iguala en cantidad, calidad y diversidad de temas a la de Riba de Saelices. Se encuentran en ella 9 escenas completas, 72 figuras aisladas, y 40 signos o trazos sueltos. Son 96 figuras claras de animales y 20 antropomorfos indiscutibles los que allí están tallados. De ellos son seguros 25 caballos, 17 ciervos, 1 reno, 6 uros o grandes toros, 8 cabras, 1 bisonte, 2 felinos, 1 rinoceronte lanudo, 1 mamut y un disfraz de mamut, 1 glotón, 1 comadreja, 1 nutria, 2 liebres, 1 ave, 1 serpiente y 21 peces. Entre los antropomorfos, surgen humanos en muy diversas actitudes: desde grupos tirándose al agua, hasta parejas en cópula, danzas rituales, enmascarados y una Venus o mujer de anchas caderas y enorme vientre, que entronca con el canon habitual paleolítico del matriarcado voluminoso. Además, múltiples signos entre los que abundan las mandorlas rayadas de vulvas, como símbolos de la reproducción y la sexualidad.

Fueron don Juan Cabré Aguiló y su hija Encarnación quienes, tras el descubrimiento de la Cueva por el maestro de la Riba, Rufo Martínez, y por el cronista provincial, Francisco Layna, se pusieron de inmediato a realizar el estudio de los grabados, mediante calcos, publicando en revistas de arte y arqueología sus hallazgos, que fueron progresivamente aplaudidos por el mundo científico. Beltrán y Barandiarán, de la Universidad de Zaragoza, años más tarde completaron el estudio con análisis estratigráficos, puramente arqueológicos de superficie. Y otros especialistas han ido a buscar, a medir, a interpretar. Hace 20 años, un núcleo de 25 personas que conformaban la Agrupación de Amigos de la Cueva de los Casares, y tras otro periodo de estudios, fotografías e investigaciones, llegaron a presentar el fruto de su dedicación en un libro fascinante (Aache, 2003).

Un zoológico paleolítico

En la larga galería de los Casares, sorprenden las imágenes grabadas de animales desaparecidos hace miles de años. Es cierto que allí se ven, clarísimos, los grandes mamuts del Paleolítico, que sin duda poblaban estas tierras frías del Ducado, y los uros gigantescos, sin olvidar el rinoceronte peludo (rinocherus tichorinus) que habitó por toda la Península Ibérica hasta finales del Solutrense, en los inicios de la última glaciación. Los más abundantes son los caballos, de los que se ven manadas, ejemplares sueltos, cabezas estilizadas y otras minuciosamente talladas, como retratos casi. Hay un glotón, animal perteneciente a la familia de los mustélidos, propio de los climas muy fríos. Su talla dataría de los finales momentos del Solutrense. El resto, como renos gigantes, una leona, liebres, cabras, un bisonte… eran animales a los que tenían que enfrentarse, en lucha y caza, los hombres que habitaban la Cueva de los Casares. En un clima realmente hostil, y con unas condiciones primitivas.

El mito de la zambullida en el caos

Muchos autores, desde remotos tiempos, han explicado la muerte del hombre como la entrada en un espacio caótico, húmedo, en el que los pájaros corren por debajo del agua, y los peces vuelan por el aire. Ese desorden, al que entra el hombre cuando muere, no es otro que el acabamiento de la vida. Los antiguos egipcios decían que la muerte era el cruce del gran río Nilo. En la orilla derecha vivían, en grandes palacios y ciudades, y en la orilla izquierda se enterraban, bajo inmensas montañas de pálidas rocas. El tránsito se hacía sobre el agua, en una barca. Y otro mitos, al parecer más modernos, decían que la muerte era una zambullida en el agua: el hombre desnudo, se lanza desde una roca hacia la masa de agua, que le espera, cuajada de peces, aves y animales. Así lo vemos en unas pinturas murales griegas de Paestum, en la Magna Grecia itálica, y en otras de origen etrusco, de Tarquinia.

Pues bien, esa misma imagen, aparece tallada en la pared de la Cueva de los Casares,  en el seno A, y cuenta con una antigüedad mucho mayor: 10.000 años al menos, quizás más, quizás 30.000. Podría ser. Lo que es seguro, es que se trata de la representación más remota de ese mito. Y ello nos lleva al corazón mismo del secreto de la Cueva: ¿Quiénes grabaron aquellas señales, aquellos perfiles, aquellas escenas? Primitivos cromañones que solo cazaban, comían y se reproducían? ¿O seres que tenían ya creado un complejo código de imágenes, de símbolos, de metáforas, y de teorías acerca de su existencia?

Esta es la teoría que desgrana Antonio García Seror en su libro “Ensayos sobre el Hombre” que con el subtítulo de “Arqueología, Antropología y Religión” editó AACHE en 2003, y en él ofrece, además de estudios curiosos sobre el Ejército Romano, la mujer en Mesopotamia, y visiones sobre el antisemitismo, San Pablo y San Agustín, una información muy amplia, y unas reflexiones muy novedosas, sobre la datación de la Cueva de los Casares, la composición de la sociedad que la habitaba, y el sentido último de sus grabados.

La UCLM y la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades colaborarán en los ámbitos docente e investigador

Por Gabinete de Comunicación UCLM

Publicado en la página web de la UCLM el 22 de diciembre de 2022

El Rector de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), José Julián Garde López-Brea; y el Presidente de la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades de Castilla- La Mancha, Luis Arroyo Zapatero, han suscrito hoy un convenio marco de colaboración por el que ambas instituciones acuerdan el desarrollo conjunto de actividades docentes, científicas y culturales.

La Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) y la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades de Castilla- La Mancha colaborarán en materia docente e investigadora en virtud del convenio marco de colaboración suscrito en el Rectorado entre el rector de la institución académica, José Julián Garde López-Brea; y el presidente de la organización, Luis Arroyo Zapatero.

Al amparo de este acuerdo, la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades de Castilla- La Mancha y sus secciones podrán realizar actividades docentes, científicas y culturales en los espacios de la Universidad en las mismas condiciones que los propios centros e institutos y de acuerdo a la normativa vigente de reconocimiento de créditos.

Asimismo, los miembros de la organización podrán ser considerados miembros de los equipos de investigación de la UCLM a los efectos de las convocatorias propias o regionales, autorizados por el Vicerrectorado correspondiente; y tendrán acceso a los equipos, medios instrumentales, servicios telemáticos y bibliotecas de la UCLM para el desarrollo de sus actividades conjuntas.

Para el desarrollo de las actividades académicas, investigadoras y culturales, la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades de Castilla- La Mancha podrá hacer uso de los medios materiales, servicios informáticos y personal de administración y servicios de la UCLM.

Igualmente, el convenio contempla la colaboración de la UCLM y de la Academia en la tarea editorial mediante acuerdos concretos, como ha sido el caso del libro de Antonio Rodríguez Huéscar, con ocasión de la constitución de la Junta de Fundadores de la Academia por parte del servicio de publicaciones de la institución académica.

El convenio suscrito no comporta financiación económica y tendrá una validez de cuatro años, con opción a ser prorrogado. Para su seguimiento se constituirá una comisión mixta encargada de programar el desarrollo de las distintas actuaciones.

Intervención de José Juan Ruiz en el acto de presentación de la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades de Castilla La Mancha

Intervención de José Juan Ruiz el 30 de noviembre de 2022

Presidente, Real Instituto Elcano

Es un enorme placer estar en este acto de presentación de la Academia de las Ciencias de Castilla La Mancha.

Y es un gran honor el haber sido distinguido como conferenciante de este acto inaugural.

Agradezco a Luis Arroyo, con el que me une una profunda amistad desde los tiempos heroicos de su rectorado en la Universidad que se vio acrecentada cuando acepté ser primero parte y luego Presidente del Consejo Económico Social de nuestra institución de educación superior, su invitación a ser miembro de la Academia y poder dirigirme a todos vosotros.

También agradezco a Jose Maria Barreda que haya accedido de nuevo a presentarme tras haber sido mi abogado defensor en el Juicio que este verano se celebró en Argamasilla de Alba en mi investidura como Académico Honorario.

Pero aún más le agradezco haber sido impulsor junto a Clementina, su esposa, y otros muchos manchegos de nuestra Universidad. La UCLM que hoy nos acoge y sin la que buena parte de nuestros sentimientos identitarios – como el Presidente Barreda ha explicado en su reciente libro Historia vivida, Historia construida – no existirían. Es hermoso hacer historia creando bienes públicos. Una Universidad que articula una región.

Por supuesto, agradezco la presencia de las autoridades, profesores y alumnos que nos acompañan, la presencia de los colegas académicos y la de todos uds. a este acto.

Luis me ha pedido que trate de exponerles qué pasa en el mundo. Dónde estamos.

La respuesta inmediata es que estamos en Ciudad Real y que felizmente estamos entre amigos.

No solo entre amigos; sino entre amigos informados, es decir, gente que como Uds. lee,  sigue los datos, está atenta a los medios y a las redes, incluso que escribe artículos para revistas especializadas.

Ser amigos informados es, en estos momentos, sinónimo de estar desasosegado, preocupado.

Cuando empecé a preparar esta presentación me acordé de lo que se dice en Latinoamérica: “estábamos bien y ahora estamos mal; pero antes estábamos bien porque mentíamos, y ahora estamos mal pero decimos las  verdad”.

Es una descripción insuperable de la situación global. Partiendo de ella, voy a tratar de comentar brevemente seis grandes temas con un doble objetivo… (LEER INTERVENCIÓN COMPLETA)

Damnatio memoriae

Por Miguel Ángel Collado Yurrita

Publicado en La Tribuna de Toledo el 12 de diciembre de 2022

Hace unos días, con motivo de un viaje a Bolonia, volví a contemplar una extraordinaria obra: II Compianto sul Cristo morto de Niccolò dell’Arca. En el texto explicativo instalado junto al conjunto está escrito: «¿Y Nicodemo? Esta figura está presente en todos los Lamentos, en éste falta. La tradición dice que la estatua – que tenía el rostro de Juan II Bentivoglio, señor de la ciudad- una vez conquistada Bolonia e incorporada a los Estados Pontificios por el papa Julio II, después de 1506, fue hecha abatir, como tantas otras, para borrar la memoria de los Señores precedentes».
Se suele decir que es a finales del siglo XVII cuando se acuña la expresión damnatio memoriae, en la obra de Schreiter y Gerlach, para referirse a las actuaciones ejecutadas en Roma por el poder imperante con la finalidad de cancelar el recuerdo de gobernantes anteriores aunque ya Papiniano, el jurisconsulto más autorizado según la Ley de Citas de 426, había recogido la expresión memoriam damnatam. En realidad, esta es una práctica mucho más antigua, tanto como la propia humanidad y de la que podemos hallar ejemplos en todas las épocas y civilizaciones. La condena al olvido se ha ejecutado históricamente a través de diversos comportamientos públicos o discretos, totales o selectivos, refinados o toscos, dependiendo de las circunstancias y del ejecutor. Por ello, ha recibido también otros nombres a lo largo de la historia; en su novela 1984 Orwell utiliza un eufemismo, la vaporización, como variante de la damnatio memoriae romana adaptada a las facilidades tecnológicas de mediados del  siglo XX.
Estos procesos dirigidos a suprimir el recuerdo de un antecesor, en ocasiones, se pretendían justificar por razón del comportamiento indigno de la persona cancelada pero en muchas otros casos simplemente han respondido a motivos inconfesables de forma que el responsable del proceso de erradicación de la memoria negaba que hubiera puesto en marcha una estrategia de silencio y olvido, de invisibilidad del afectado. A veces, lo que realmente se persigue más que olvidar el pasado es desacreditarlo. Sin embargo, promover la cancelación puede ser contraproducente en ciertos casos porque con ello también se genera simultáneamente el deterioro de la legitimación de quien pretende anonimizar al anterior, en especial cuando quien pretender borrar la huella de otro ha sido colaborador y beneficiario de las decisiones que había adoptado el damnificado.
El estudio de tantos ejemplos como ha habido y hay de actuaciones que se pueden incluir en la expresión genérica de damnatio memoriae permite diferenciar dos tipos de sujetos que quieren sancionar el recuerdo del antecesor: quienes lo llevan a cabo de forma abierta y quienes lo realizan disimuladamente, vergonzantemente. Esta decisión consciente de borrar todo rastro de aquel a quien por una u otra razón se considera adversario se suele aplicar también, y en ocasiones aún con mayor intensidad, a los más cercanos a aquel al que se quiere anonimizar escondiendo el acto punitivo bajo fórmulas como ‘no procede invitarle’, ‘mejor no nombrarle’ y llegando a la confiscación no de bienes propios de esos colaboradores próximos sino, en consonancia con los tiempos actuales, de proyectos o programas que legítimamente habían obtenido por sus capacidades.
La historia ha puesto de manifiesto la imposibilidad de eliminar un período o etapa de la historia de cualquier sociedad o grupo. Hoy sigue vigente lo que, como recuerda Straehle, escribió Tácito, «La posteridad restituye a cada cual el honor que le es debido… Cosa que ofrece harto gran materia de risa pues es grande la ignorancia de los que con la potencia presente piensan que han de poder borrar la memoria de las cosas en los tiempos venideros».

Recordando a Sagrario Torres en su centenario

Por Pedro A. González Moreno

Publicado en el diario Lanza el 13 de diciembre de 2022

Tenemos una infinita capacidad de olvido, pero esa falta de memoria aún es mayor cuando de los poetas se trata. O dicho más groseramente, cada cual va a lo suyo y nadie se acuerda de nadie. En el capítulo titulado “Poetas de la tierra que se fueron”, del libro Más allá de la llanura (2009), dejé escrito casi premonitoriamente: “Como si no se tratase de una ley natural, sino de una virulenta pandemia lírica, nos han ido dejando los poetas en una larga procesión de muertos que dejaron escrita mucha luz a su paso por la vida. Algunos se marcharon con el halo luminoso y el laurel que ciñe las sienes de los elegidos; pero otros se marcharon  casi de puntillas…”

No fue este último el caso de Sagrario Torres, “aquella Sagrario Torres que siempre tenía un verso dormido entre los labios –dije de ella en ese mismo libro-,  y siempre iba dejando un intenso y ambiguo perfume como de novia y madre”. La poeta manchega, nacida en Valdepeñas (1922-2006), mantuvo siempre un fuerte vínculo y un apasionado interés por su tierra, y en su libro Poemas de la Diana (1993), contra el proyecto de instalación de un campo de tiro en Anchuras, lo puso de manifiesto.

Ahora, cuando está a punto de finalizar este año, comprobamos que nuestra capacidad de olvido continúa siendo imperdonable, porque este era el año en el que se cumplía el centenario del nacimiento de Sagrario Torres, un centenario que, incomprensiblemente, ha pasado desapercibido no sólo en Castilla La Mancha, sino incluso en el pueblo natal de la autora. Sin embargo, es justo decir que Valdepeñas nunca ha echado en olvido a su poeta, pues acogió su amplio legado en el Archivo Histórico Municipal, la nombró hija predilecta en 1985 y ese mismo año le dio su nombre a un parque.

“La voz solitaria de Sagrario Torres”

En el artículo “Mapa Literario de la provincia de Ciudad Real” (publicado en el número 6 de la revista  El invisible anillo), le dediqué un amplio apartado que  titulé “La voz solitaria de Sagrario Torres”, y del que extraigo ahora, a modo de recuerdo y homenaje, unos cuantos párrafos: “Desde Juan Alcaide, la poesía de Ciudad Real parece estar marcada por esa extraña condición de los poetas solitarios. Excepción hecha de unos cuantos nombres (Ángel Crespo, Eladio Cabañero, Félix Grande, Antonio Fernández Molina o José Corredor-Matheos) que de un modo u otro han encontrado aclimatación en el volátil mapa de las generaciones oficiales, la gran mayoría de los poetas de la provincia se encuentran, por su edad, por las características de su obra o por otras circunstancias, en una situación difícil de encasillar.

Caso significativo y singular entre ellos es el caso de Sagrario Torres, que publica muy tardíamente su primer libro, Catorce bocas me alimentan (1968), cuando ha cumplido ya los 45 años. Tal vez por ello su voz, peculiar y solitaria, ha permanecido siempre al margen de los encasillamientos generacionales.

Una voz sobria y transparente

Un tanto a contracorriente, pero dueña de un espacio poético propio, la de Sagrario Torres es una voz sobria y transparente, que nos habla de lo humilde y de lo cotidiano, ya sea a través de la evocación autobiográfica (Los ojos nunca crecen), o ya a través de la preocupación solidaria y crítica ante las injusticias sociales (Hormigón translúcido).

Cincelada con el molde métrico del soneto (Catorce bocas me alimentan), o con el verso libre, la suya es una voz limpia y compasiva, lo mismo cuando se enfrenta a temas trascendentes como la muerte y el paso del tiempo (Esta espina dorsal estremecida) o cuando confiesa su más inquebrantable vocación religiosa (Carta a Dios). Una estética de la sencillez y de la sobriedad que es, más que una cuestión de estilo, una manera de ver el mundo, una forma de ser y de creer en lo más altos y nobles ideales: esos ideales que cristalizarían en su libro Íntima a Quijote.”

La última antología de su obra, Estremecido verso, realizada por José María Balcells, fue publicada por la BAM en el 2006, poco después de su fallecimiento. Desde entonces ha ido cayendo poco a poco el silencio sobre ella y, durante este año de su centenario, se ha perdido una buena ocasión para llevar a cabo algún que otro proyecto pendiente todavía: por ejemplo, el de la edición de su obra poética completa.

Como escribí, en el libro arriba citado, a propósito de los poetas que ya se marcharon, “no deberíamos dejar que se enfríe la memoria de nuestros poetas, porque esa memoria, la de su escritura, contiene siempre algo de nosotros mismos y su voz es un patrimonio que nos pertenece y al que también pertenecemos.

Ni placas, ni medallas…»

No son placas, medallas ni estatuas lo que la memoria de nuestros poetas necesita… Tengamos al menos con ellos la misericordia de amarlos en sus libros, de hacerles ese íntimo y último homenaje de leerlos”.

Corrector ortográfico

Por Juan Ignacio de Mesa

Publicado en La Tribuna de Toledo el 28 de noviembre de 2022

Escribir con un procesador de textos tiene enormes ventajas. Te señala los posibles errores cometidos al escribir, dado que casi todos los procesadores tienen un corrector ortográfico. Yo escribo con el Word de Microsoft. Tildes, comas, resalte de frases, palabras…. Según vas utilizando el procesador, más cómodo te encuentras y eso tiene el peligro de que te relajes y dejes todo en manos del corrector. Y así nos va.
En la última semana he metido la pata en tres escritos, que yo me haya dado cuenta. La confianza, puede ser la perdición que te haga caer, una y otra vez en el error. Y no digamos si se te ocurre recurrir al dictado para que sea Word quien escriba por ti. Hagan ustedes la prueba, digan al micrófono de su ordenador ‘ahí hay un hombre que dice ay’. Si no han actualizado el software del programa, este puede hacerles cualquier jugarreta que les haga quedar como analfabetos funcionales. Pero lo peor es lo que nos pasa cuando queremos tratar de un asunto de los que no encajan en lo políticamente correcto. Si te separas de la versión ‘oficial’ puedes ser condenado a galeras.
Los de mi generación vivimos una juventud sometida a la censura previa. A tal extremo, que, para poder comprar la revista Triunfo, o Cuadernos para el Diálogo, un grupo de toledanos constituimos una sociedad ‘Fomento Cultural, S.A.’ (FOCUSA) para poder abrir una librería que distribuyera en Toledo dichas revistas, así como libros que no venían por los canales normales de distribución. Hoy, ya no hay censura previa, hay libertad de expresión absoluta, pero es únicamente a efectos formales.
En paralelo con el ‘corrector ortográfico’ de los procesadores de texto, se está imponiendo una autocensura mucho más peligrosa que la antigua ‘censura previa’. Me asusta ver como se impone lo ‘políticamente correcto’. Ahora se condena al ostracismo al que disiente de la línea oficial.
La Ciencia y las Artes han avanzado por la fuerza de aquellos que han abierto líneas nuevas de investigación. Deberíamos recordar los casos de Servet o de Galileo. A Servet le quemó Calvino, Galileo salió mejor librado retractándose de su teoría mientras murmuraba su «y sin embargo se mueve». Hoy hay muchos calvinos y savonarolas que detentan asientos de poder. Me temo que los nuevos correctores ortográficos eliminarán lo ‘políticamente incorrecto’.